El Pedófilo de Hamelin


A mí no me jodan. En serio. A mí no me jodan. La historia del flautista de Hamelin no es una historia infantil. Será a lo sumo una historia para adultos interesados en “lo infantil”, pero interesados de la manera más inconveniente, de la manera reprobable, de la manera que da miedo.

A mí, no me jodan. No tengo que agregar mucha cosa más que el texto en sí para sostener mi punto. Y acá va:


"Érase una vez un pueblo muy bonito llamado Hamelin. El pueblo estaba situado entre bonitas montañas, y tenía unos preciosos prados en los alrededores.
La historia del flautista de Hamelin comenzó cuando un día empezaron a llegar ratas de todos los lugares a vivir a Hamelin, ya que era un sitio idóneo, donde había comida en abundancia para las ratas.
El pueblo se acabó llenando de ratas, y los habitantes del pueblo protestaron ante el ayuntamiento.
El alcalde del pueblo se puso a pensar para ver cómo solucionar el problema de la plaga de ratas que había aparecido.
Mientras pensaba, se presentó misteriosamente en el ayuntamiento un joven flautista que le ofreció librar a Hamelin del problema de las ratas en un sólo día, a cambio de 1 millón de euros.
El alcalde emocionado le dijo: “Si nos resuelves este gran problema y haces desaparecer a las ratas, te pagaré tu millón de euros“.
Así que el flautista salió a la calle, agarró su flauta y empezó a tocar una melodía.
Poco a poco se iba oyendo un murmullo cada vez mayor; eran las ratas del pueblo que salían persiguiendo al flautista de Hamelin cautivadas por la música.
El flautista se llevó las ratas hacia el río, donde finalmente se ahogaron todas.
Cuando volvió a hablar con el alcalde, éste le dio las gracias por haberles salvado de las ratas. Y a continuación el flautista le pidió su millón de euros al alcalde, a lo que el alcalde contestó: “¿De verdad te creíste que te iba a pagar un millón de euros? No tengo tanto dinero, y además lo que tú hiciste es muy fácil.”
El flautista de Hamelin empezó a ponerse furioso, y como el alcalde no quería pagarle, se dio la vuelta, salió del ayuntamiento y empezó a tocar su flauta mágica…
Poco a poco fue creciendo un murmullo en el pueblo. ¡Ahora los niños estaban siguiendo al flautista! Los padres y madres de todo el pueblo estaban desesperados, porque sus hijos no dejaban de acompañar al flautista y su melodía.
El flautista de Hamelin se llevó a todos los niños del pueblo fuera de él, y en Hamelin nunca más volvió a haber niños.
El alcalde aprendió la lección para siempre, y no volvió a mentir a nadie más, pero nunca pudo hacer regresar a los niños que el flautista de Hamelin se había llevado.

No hace falta ser Sherlock Holmes o Nazario Sampayo para deducir las verdaderas motivaciones del secuestro de los niños. La flauta como elemento fálico, el destino final es el agua del río (el agua como todos los que somos muy psicólogos sabemos tiene una gran carga sexual),un señor solitario que va de pueblo en pueblo tocando canciones pegadizas…A mí que no me jodan.


Lo curioso verdaderamente es lo siguiente:

Como cualquiera que vea colores o tenga daltonismo del tipo tricromatismo anómalo que permite ver casi todos los colores habrá notado, en el texto antes leído, la palabra “ratas” estaba en un color más oscuro. En negro. Creo.
No es casual. Descubrí que además del mensaje de perversión sexual y de incitación al secuestro de niños y a su violación, hay otra lectura posible. Basta nada más con sustituir la palabra “ratas” por “inmigrantes” y se podrán encontrar los valores que les estamos transmitiendo a los niños. Relea, por favor, sustituyendo cada vez que aparezca “ratas” por “inmigrantes”.
¿Vió que horrible? Se sugiere una solución final al problema de los inmigrantes.




¿Son la pedofilia y la xenofobia lo que usted, señor director técnico de la Selección Nacional Maestro Oscar Washington Tabárez, quiere fomentar? ¿Es este el mundo que les queremos dejar a nuestros niños, inocentes semillas del porvenir de la humanidad?
De un paso al costado. Sea hombre, háganos un bien y renuncie.



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