Víctor, el degustador de hamburguesas


Llegué a las cuatro de la tarde, como habíamos acordado. Víctor me estaba esperando sentado en el murito de su casa. Me dio la bienvenida y me invitó a pasar. Una vez en el living se puso a armar un tabaco usando únicamente su mano derecha; lo hizo muy rápido y en un instante puso el cigarro armado entre sus labios y, tomando el encendedor con la misma mano, lo prendió. Mientras fumaba me explicó que la movilidad de su mano izquierda estaba seriamente comprometida a causa de un accidente que sufrió siendo niño. Víctor es un hombre de una gran vitalidad, parece estar siempre de buen humor y le gusta conversar. Sus ojos brillan siempre, pero brillan más cuando habla de hamburguesas.
“Mi pasión por las hamburguesas comenzó cuando era chico. Le robaba plata a mis padres y salía a escondidas a comer hamburguesas”, dice Víctor rascándose la barba, con el cigarro aún entres sus labios. “Siendo joven recorrí la costa brasileña durante varios años, alimentándome exclusivamente de comida chatarra. Fueron tiempos de gran descontrol. Una experiencia única que disfruté mucho, pero que no recomendaría a nadie que no esté dispuesto a lidiar con una infinidad de problemas gastrointestinales.”
Este hombre y su profunda experiencia en comida chatarra me ayudarán a estudiar en detalle la actual situación de los carros de hamburguesas de la ciudad de Tacuarembó. La oferta es variada, los carros tacuaremboenses brindan un buen servicio y varios productos que en carros de otros lugares no están autorizados a vender. Además de las tradicionales hamburguesas, panchos y refrescos uno puede comprar milanesas al pan, cigarros, golosinas, latas de cerveza, psicofármacos y armamento de guerra. El defecto más notorio en comparación con carros de localidades del sur del país y la capital es que el tiempo de preparación de los alimentos es promedialmente mayor.
El plan era simple: pasaríamos la noche en vela recorriendo carros de hamburguesas. Mientras él probaría todas y cada unas de las variedades de productos ofrecidos por estos locales, yo me encargaría de llevar registro de esta hazaña, para finalmente conocer su veredicto y saber entonces cuál es el carro tacuaremboense que ofrece los mejores productos. Prometía ser toda una odisea de la degustación gastronómica callejera.



Salimos apenas cayó el sol. “No como nada desde la mañana. Esta es una ocasión especial y hay que dejar abundante espacio”, me dijo riendo. La idea era empezar en el centro, por los carros de las plazas y sus alrededores, y luego ir alejándonos hacia zonas periféricas.

***

Eran las tres de la mañana y aún quedaban veinte carros por recorrer. Víctor caminaba en zig-zag y tenía dificultades para hablar, balbuceaba y decía incoherencias. Empecé a temer que el consumo excesivo de hamburguesas estuviera afectándolo. Le pregunté si quería hacer una pausa, o quizás seguir el recorrido otro día. Me dio a entender que no estaba dispuesto a darse por vencido y seguimos con el plan original.
Cinco y media de la mañana. En busca del último carro de la ciudad caminábamos somnolientos por una callecita ondulante sin asfaltar, embarrándonos los pies en charcos que no podíamos esquivar por causa de la escasa luz. Una vez que llegamos tuve que explicarle al dueño del local y a su empleado que estábamos en una misión especial, y al conocer nuestra condición de valientes cronistas gastronómicos accedieron a atendernos a pesar de que ya estaban en hora de cerrar.
Sentados al cordón de la vereda, bajo el tenue resplandor de una lamparita lejana, Víctor engulló los últimos bocados de la noche. Su cara era de satisfacción, había cumplido su misión. Prometió dar su tan esperado veredicto una vez que se recuperara de esta larga noche de trabajo. Prometí encontrarme con él en su casa al otro día, a las cuatro de la tarde. Los primeros resplandores rojizos del amanecer iluminaron el regreso a nuestros respectivos hogares.



Llegué a las cuatro de la tarde, como habíamos acordado. María, la esposa de Víctor, me recibió llorando. Me contó que su marido había fallecido esa mañana, poco después de llegar. Según el médico sus entrañas explotaron en el interior de su cuerpo, nada pudo hacerse para salvarlo.
Volví a casa a paso lento, sumido en un profundo desconcierto, con un sentimiento extraño muy parecido a la tristeza y un incipiente dolor de cabeza. No podía dejar de pensar en que ese noble hombre había llevado a cabo la mayor hazaña de su vida en busca de la verdad, pero que todo había sido en vano. El mundo nunca sabrá cuál es el carro que prepara las mejores hamburguesas de Tacuarembó.

Un sociópata y las reseñas de cine.


Voy a contar un poquito de mí. De mi vida personal. Yo padezco un desorden atencional que me impide concentrarme en actividades pasivas –como ser mirar algo en la televisión o en el cine- que duren más de media hora, o con mucha suerte una hora. Por esa razón leo caminando en círculos o pongo pausa en las series para pararme y saltar en el lugar o tocar la flauta. Pero: ¿ese desorden atencional me impide ver películas como todos los demás? Sí. ¿Y eso me impide hacer reseñas de cine? No.

Lo que hice acá entonces fue agarrar el título de las películas que se estrenaron a finales del 2012  –o ni tanto, porque los títulos eran medio una porquería- y las reseñé. Sin verlas, claro. Nomás me imaginé cómo serían y escribí. Opiné y todo.




El Hombre de los Puños de Hierro





 Documental apasionante sobre un tornero que luego de 29 años de trabajo sufre un accidente y pierde ambas manos y debe enfrentarse a los nuevos retos que le presenta la vida de invalidez y discapacidad.  Una emocionante historia de vida, con contenido conmovedor y con un desenlace para chuparse los muñones.



El festín de Babette





Es una película del género pornográfico existencialista, donde se mezclan penes grandes y vaginas húmedas, con soliloquios sartreanos y un sesudo recorrido por las profundidades de los mares del pensamiento de Heidegger. Babette, una estudiante de filosofía italiana conoce a Paolo, un carpintero napolitano organizador de orgías. El resultado: sexo y pensamiento, gemidos y reflexión. Altamente recomendable.



La parte de los ángeles



 
“Los ángeles no tienen espalda, pero sí genitales. Y algunos son majestuosos” indica Ian Connelly, director de la película, productor, angeólogo y Ministro de Economía de Chipre. La película es para todo público porque las partes pudendas de los ángeles están pixeladas y la película no contiene escenas sexuales, ya que está pensada para niños menores de cinco años,  único rango de edad donde alguien puede creer en ángeles.
  



Todo es silencio





Un grupo de sordomudos se junta todos los viernes a jugar al dígalo con mímica y deciden registrarlo en un documental muy ameno y refrescante. La crítica ha sido muy dura con esta película, al decir que nada tiene de especial juntarse a jugar al dígalo con mímica si uno es sordomudo, porque es tan solo una extensión de sus vidas cotidianas. “¿En qué se diferencia para un sordomudo pedir un café en un bar a tratar de que sus compañeros de equipo adivinen que la película que está representando es  Titanic?” pregunta cínicamente la crítica del New York Times.
  


El ladrón de palabras 





Marcos es un menor infractor que financia el consumo de pasta base a fuerza de robo y venta de palabras esdrújulas que consigue ante el descuido de sus vecinos o familiares. Este drama apasionante, si bien es ficción, tiene un correlato con lo que sucede a diario en nuestra ciudad. Una historia de vida cruda y sin desperdicios.





Vacaciones en el Infierno



 Ana es una madre soltera que conoce a un joven abogado, Facundo. Ella es madre de dos hijos, y él, de dos hijas. Poco tiempo luego de comenzar a salir se mudan juntos, y en esta comedia de enredos vemos como el choque de dos familias es el choque de dos mundos. Vemos cómo los hermanos van del odio al cariño, y cómo una decisión –irse de vacaciones todos juntos- termina transformándose en una pesadilla: se van de vacaciones, pero en un 582, a las seis de la tarde.




9 Meses




Sebastián tiene que ir a hacer un trámite al BPS. Tiene que ingresarse a sí mismo como una empresa unipersonal. Nueve meses después, lo consigue. Filmado con una camarita de celular nos cuenta su historia.





Contrarreloj




Olga siempre estuvo enamorada de Federico Moreira. Ella, al enterarse de que por culpa de un cáncer terminal no le quedan más de dos semanas de vida, se decide a declararle su amor al mítico ciclista. En una carrera contra la muerte, la anciana se propone arrancarle la malla dorada al laureado ciclista. Un film romántico con algunos tintes policiales. Recomendable.




Ajuste de cuentas




Policial de suspenso donde una pareja de detectives debe descubrir cual de los alumnos asesinó a la maestra, frustrados al no poder resolver un pienso.




 
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