El video prohibido de Victoria Rodriguez


Hay un video prohibido de Victoria Rodriguez.

No está muy bueno.

Igual esa no es la razón de este texto. Este texto es sobre mí, no sobre ella.

Mi principal impedimento para hacer stand up comedy es que soy paralítico.
Tendría que hacer Sit Down Comedy, pero cualquiera puede ver que el nombre mismo pierde algo de fuerza, aunque por otra parte el acto gana en impacto. Me refiero a que no es frecuente ver a un humorista en una silla de ruedas.

Habría que bajar un poco la altura del micrófono, y poner un banquito para apoyar la botella de agua a una altura inferior, pero más allá de eso, no habría mucho problema técnico ni cosas que cambiar.
En cuanto a la movilidad y al desplazamiento casi coreográfico que acostumbran hacer los humoristas que hacen stand up habría que modificarle solamente una cosa: tendría que llevar un micrófono enganchadito en la ropa(en el supuesto caso que decida salir con ropa)porque para moverme de un lado a otro del escenario necesitaría ambas manos girando las ruedas de la silla y no podría cargar un micrófono inalámbrico. No tengo dinero para la silla de ruedas burguesa de la palanquita de cambios, así que por ahí no hay alternativa.
Otra sería ponerme una de esas vinchas- micrófono, pero no me gusta tanto la idea. Me sentiría como un parodista, o un conductor de programa de música tropical de la televisión abierta uruguaya, valga la redundancia.

Me está convenciendo un poco la idea del Sit Down Comedy.

Tendría que pensar en el contenido. Sería interesante hacer algo que no sea demasiado raro, porque ya el hecho mismo de hacer humor sentado en mi silla de ruedas –tal vez desnudo, tapando mis piernas con una mantita- es poco común. Podría empezar por hacer como hacen los que son profesionales del Stand Up y hablar un poco de mí, reírme un poco de mí mismo para ganarme la empatía del público y después poder avanzar un poco más allá.

Podría ser algo así:

Soy paralítico. Estoy en una silla de ruedas frente a ustedes, para hacerlos reír. Así que primero les voy a contar mi historia. 

Provengo de una familia de clase baja Montevideana. Soy hijo de trabajadores que con un gran esfuerzo me brindaron la educación que ellos mismos no pudieron tener en su momento. Pero no me refiero solamente a educación formal, al gasto que significó mandarme a una escuela privada, sino también, y especialmente, a la educación que me dieron en casa, con pequeñas acciones, con consejos, con reflexiones, con enseñanzas.
Recuerdo lo que me decía mi padre siempre: todo lo que te daña, te hace más fuerte.
Eso me decía, hasta el accidente.
Su- accidente. El mío fue posterior y casi casi que no lo sentí. Pero no voy a incomodarlos con un relato tan trágico como el de mi pérdida de las facultades de movimiento de las piernas y pies porque no sería gracioso y la intención acá es reunirnos todos para que yo los haga reír.

Mejor hablemos del accidente y muerte de mi padre.

No, mentira, jamás les haría eso.
Con “eso” me refiero a lo que hizo mi padre: secuestrar a los hijos de la vecina para matarlos y vender sus deditos a unos hippies de Valizas que hacen collarcitos de la buena vibra con falanges de bebés -que son más inocentes y puros. En la huída, cargado de bebés, porque la vecina procreaba como conejo de cantegril que recién cobró la plata del Mides, mi padre fue atropellado por un conductor criminal e imprudente que venía mandando un mensaje de texto y no miraba el camino por el que iba.
Es realmente indignante que haya gente así de descuidada. Gente que viole la ley así como si nada, que realmente les importe nada la vida de los demás, que manejen con tal desinterés por la vida humana. Me asquea solo pensarlo.
Igual yo sé que mi padre no estuvo bien. Incluso veo una moraleja en todo esto: cuando secuestres bebés, no los lleves todos de una, porque el que mucho abarca, poco aprieta, y por querer apurar una venta terminás muerto.
Y la verdad que no da.

Antes mencioné al pasar que fui a escuela privada. Pero no solamente privada era. Era católica. Por alguna razón mis padres creyeron que la educación privada era mejor que la pública –estaba esa idea de moda en aquella época- y en mi barrio solamente había una y era católica. Así que incomprensiblemente, con un esfuerzo económico mayúsculo, me mandaron ahí.
Yo era un niño que no entendía nada, pero ya en ese momento me sentía un poco perdido en el ámbito religioso. En especial en la capilla. Los rituales católicos siempre me resultaron confusos y aburridos:
-que ahora parate, que ahora sentate, que ahora arrodíllate, que ahora volvete a parar, que ahora volvete a sentar.
-Ojalá el cura se decida por una posición y me coja de una vez- pensaba yo.
Pero no. El catolicismo me resultaba desconcertante. Incomprensible.

Y después me pasó lo que me pasó. Chau poder correr. Chau poder caminar. Hola silla de ruedas.”


En ese momento ya debería haberme ganado la empatía del público presente, y tendría esa coartada moral que me permitiría pasar a la siguiente etapa en el repertorio,  donde nos metemos con los otros; la parte que siempre todos queremos oir: cómo le dicen a Peñarol, la escena del puto que quiere que se lo cojan a toda costa y el sinfín de enredos, el deleite del repertorio de chistes sobre la arrogancia porteña o la brutalidad gallega y los chistes sobre gordos y negros. Todo eso con expresión de comediante al estilo Maxi de la Cruz.
Pero con parálisis de la médula espinal.

3 comentarios:

  1. Oscar W dijo...:

    Iba a declararme entusiasta de esta nueva corriente del stand up (o como sea que se llame) pero justo escuché a Mujica excusándose basado en su experiencia en la cárcel. Ya lo parasitó; hay que volver a la vieja escuela.
    Calavera no chilla.

    P.D: El blog me enlentece el Firefox y sólo leí esta entrada. Sabelo.

  1. Anónimo dijo...:

    Sos un ser humano despreciable. No podes joder con las cosas que jodes. A ver si te quedas paralitico en serio un dia pelotudo.

  1. Juan Ignacio dijo...:

    Muy bueno!

 
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