Acero


Arcos y crecidamente bóvedas. De la cavidad al refrescamiento, indivisa y diferenta fecha. Me desaguo y me adhiero entrada en alto. Estudio especulativamente indisolubles las bucólicas chupadas en el pasado. Son considerables. Existo desmañado de hermanar el narcótico que me remolcó a mi momento palpitante. ¿Disfrutará entelequia la pascualina? Absurdo. En ningún tiempo existe la pascualina. ¿Cómo estar al cabo de la calle? Eternamente se ejecuten incontables entes. Es a fin de que examinar el rehén de un viveza cuando éste fue efectuado por una vaga masa acalorada. Una reunión de la que mero redivivo letra segmento, al desenlace y al promontorio marché presunción quien se atizó inviolado zigzag darse un hartazgo. Qué equivalencia tanto chocarrera y insuficiente de mortificado. La razón es que existo imperfectamente
Grosor un brebaje y lo arqueo poco más o menos en serie. Ok. Ejemplar mineral en aquel tiempo. Nauseo el salobre. La puta señora. Negativa cuerpo quimera. Me mareo tristeza, o lo que exista eslabón meollo desconsuela terrorífico que juzga linaje de planetario. Mi tragadero me carboniza, mi organismo rehíla, no me logro batir ya que me proporcionan apetitos de expeler ajena fecha. Me subsisto adherido.
Mientras mirar con el rabillo del ojo el marquesina forraje en los movimientos a hostigar. Preveo conquistar ojo médico forense atravesársele a uno un nudo en la garganta se me salvoconducto un exiguo la negocio y consiga avanzar decenio paso a excepción de que un espasmo me inmovilice. El receptor existe a aumento de decenio travesías.
Establezco que consto un irrisorio conspicuo, mácula me entabla a estar en un grito la capacidad. Entierro la ayuda encima de la camada y taleguilla una inspección que no saber al dedillo que residía más lejos. Es íntegra Desmesuradamente hechicero que apalea un apartado exacto indivisible “meollo milagroso”, un amianto original que existirá –en el pendiente rayano– vacante ataja elaborar de todo, a partir heladeras incluso mansiones. Comerse con la vista la data: mayo de 1996. Forraje que a oriente altozano, quince períodos inmediatamente, hoy nos obligaríamos sentar alegrando los socorros de la quid estupenda del próximo. Inconveniente secuela que negativa, puesto que perennemente enlose sobrevenir con orientes entidades. La cala juzga existir comunicada por la semejante calaña de tropa que rasguea las divulgaciones vibrantes consagradas a desplegar la vidorria desnudada de los acreditados: el género es discreto y hay por dondequiera locuciones chotas del tenor incididas en casillas.
Taladra el micrófono. No beber las palabras, no me dan las canicas para acrecentarme. Taconea el metal. La coraza del inoportuno. Comprometería tener puestos los cinco sentidos, incumbe espécimen el censista. Me describieron que haberes una penalidad así que de octavo milenario obligaciones paraliza los que no andar con cien ojos al censista. Se marcharon un escaso al carajo, se anduvieron. Con retenerme quinientos contratos de escarmiento ahora me convencés, ido, negativa haberes parvedad de existir puntualizando guarismos monstruosos. Negativa lo atender ofuscación, análogo, escriben que te deponen un repaso y se convierten posteriormente.
Guisa las seis de la tardíamente El luz entrar por la lumbrera entrecerrar y me provee en la cara. Establezco que resido sobresaliente. Me anoto lo indispensable bien, conseguiría ansiar disipar asomo. Camaradería de partir aglomerando denuedo contiene subirme e marchar inclusive la estufa. Me existe vislumbre de grano, instauro. Oh, negativa gozo sandunga. Anduve pues que cinco períodos al establecimiento después y me dejar entre ramos de usurpar donaire. Se halla que te persevera ficha la donosura que te domas a beneficiarse variablemente y cuando apaleas que adquirir no lo concibes.
Brota en yo indivisa estremecimiento anómala. Mi estertor se precipita y recomienzo a profesar visiblemente los tañidos de mi ánimo. Mierda, marcho a arrojar separada fecha. Saltan los minutos y la emoción de repugnancia apremiante no concluye de transigirse. Esto existe separada unidad. Asiento mera indirecta fuera el abdomen. Compasivo, esto está espinoso. Me remuevo. Subsisto quieto y en curso de avizor en tanto que heterogéneos minutos. Mi panza emprende, espaciosamente inconveniente fuera de flema, a soplarse. Negativa obtengo opinar lo que venir mis ojo, jamás haber individuo declarante de indivisa ente parecido, asimismo que sí estar al tanto que crear. Solitario me permanezco inactivo así que un idiota, con los olfatos consolidados en esa parte de mi colectividad que se cacarea inclusive atesorar anchuras casuales. Hoy opino íntegra ama cohibida, y la forma hostiga prosperando. Camaradería de gruñir inconveniente no me emerge ofuscación, me desesperar, experimento ubicarme de cabo oposición afirmación fruto innovarlo. Me conmuevo energúmenamente, me desplomo de la camada, reprehensión en el empedrado, no ganancia increpar oposición prorrumpo bramidos penetrantes cerca de inaudibles.
La entidad frenó de elevarse, y todavía mi corporación es indivisa colosal bala deforme sembrada en la casa, de esta canica irrumpen mis remos y zancas que todavía se zarandean excitable e infructuosamente. Mis indumentarias corrieron deterioradas crea rato, existo falto y duchado en trabajo. Mi aspecto vive oculto por íntegra mixtura de sollozos y secreciones, los quinqués terriblemente campechanos no trabar la panorámica. Tranquilidad por la embocadura con cuantiosa duda, unidad segundogénito que fruto seco es un sobresalto indecible. Me antojo caer. Registro íntegra trivial oscilación en mi familiar y me arrebato repasando que este desconsuelo tremebundo va a tocar a su resultado.
Encima garabato intervalo el formidable matriz del tipo se arruinó, y de su limitado prorrumpió un mortal de escarpines, taleguilla de envolver, elástica astral, banda purpúrea y talega. Ser de Luis Hierro López. El inexistentemente segundo mandatario robó con su auxilio torcida determinados pedazos de abolengo y andrajo de su omóplato enhiesto, saltó yendo de la mansión y taponó la portilla. Apaleaba unitaria Mesías que cometer.

***

(Lo que hice fue tomar este post y sustituir cada una de las palabras por uno de los sinónimos ofrecidos por mi queridísimo amigo Microsoft Word, siempre que esto fue posible. En los casos en que no había sinónimo disponible, simplemente dejé la palabra original.
Si este texto te pareció tedioso y difícil de leer, te invito a que veas la versión en mayúsculas y sin espacios del mismo. Click acá, por favor.
Para que no se me acuse de hacerle la vida imposible a la gente decidí hacer una tercera versión, más breve que las anteriores [seleccionando los enunciados medianamente interesantes y descartando los otros] y con fotos de Mirtha Legrand. Click acá.)

Amor legal


La sala está lista para que comience el juicio; tanto el jurado, como los dos equipos de abogados, los testigos, la guardia policial y la acusada, están aguardando la llegada del juez. El juez, luego de unos minutos, sale de un enorme armario que hay detrás de su estrado; primero agacha su cabeza para no golpeársela contra la parte superior del mueble, y luego, una vez afuera, cierra la puerta cuidadosamente. Camina cinco pasos rumbo a su estrado. Se sienta y prueba su martillito de madera golpeando suavemente sobre la palma de su mano izquierda; satisfecho con la prueba, da por iniciado el juicio.

Según indicó el abogado de la fiscalía, se llamaba al estrado a testificar al señor Európeo Vespucio.
El testigo caminó sobre el piso de madera que crujía de vez en cuando, rumbo al estrado. El silencio lo incomodaba. Luego de unos segundos, el testigo estuvo sentado y listo para ser interrogado por el abogado de la fiscalía.
El abogado, lentamente, se acercó al estrado donde estaba el testigo.
-Cuéntenos, señor Vespucio… ¿cuál es su relación con el difunto señor Lamartine?
-Bueno, nuestra relación es…perdón, era, la de un par de conocidos que todos los días se encontraban tomando caña en la barra del mismo bar. De vez en vez teníamos conversaciones de fútbol, de política, y de mujeres, que nos derivaban frecuentemente a otros temas.
-Temas relacionados a sus prácticas religiosas, imagino- interrumpió el abogado.
-¡Objeción!- exclamó el abogado defensor parándose súbitamente.
-No hay lugar- dijo el juez, con fastidio.-Prosiga.
El abogado que había objetado se mostró sorprendido por las palabras que había usado el juez, pero no insistió.
El abogado que interrogaba al testigo repitió su afirmación, pero ahora, en forma de pregunta. El testigo se tomó unos segundos antes de responder. Luego, respondió.
-Sí, de religión se hablaba, pero poco. Los temas a los que nos derivaban las charlas eran más bien a temas como…como lo de la última vez, donde Lamartine estaba como loco gritando que Danubio no sé qué y yo le decía que me dejara la vesícula en paz o le rompía la cara a la mujer. Y me dejó la vesícula en paz, porque si hay algo que le molestaba a Lamartine es…era, que le pegaran a su mujer; en eso Lamartine era muy reservado, muy chapado a la antigua: le pegaba él, o no le pegaba nadie.
-Usted dice entonces que el señor Lamartine golpeaba a su mujer.
-¡Conmoción!- exclamó el abogado defensor.
-Ya le dije que no hay lugar- dijo el juez de mal modo- ; pero, dígame una cosa, ¿usted se da cuenta, señor abogado defensor, que está objetando en defensa del difunto? ¿Su defendido es el señor Lamartine, la víctima?
-Sí. No. No, mi defendida es, acá, la señora Broadcasting- dijo el abogado defensor, señalando con el índice.
-Sí, su defendida es la señora Broadcasting, pero ese que usted señaló es el abogado de la fiscalía. ¿Se encuentra bien, doctor Mendizábal?- preguntó el juez, mientras abría un bombón de chocolate y hacía mucho ruido con el papel.
-Je. Sí, sí. Lo sé. El señor allí es el abogado de la fiscalía, no la señora Broadcasting, que es mi defendida, a diferencia del señor Lamartine que no es mi defendido, sino el difunto, la víctima; víctima que no fue asesinada por la señora Broadcasting.
-¡Objeción!- gritó el abogado de la fiscalía.
-Hay lugar, hay lugar- dijo el juez sin levantar la vista. Dándole un mordisco al bombón, agregó: - si nos apretamos un poco todos, hay lugar. Prosiga doctor, por favor. Pero, ¿sabe qué? Hágalo con rima.
-¿Cómo dice?
-Que lo haga en rima. Que rime las palabras, como antes yo dije “Prosiga doctor, por favor”. ¿Comprende?
-Sí, comprendo – respondió el abogado de la fiscalía.
El juez lo miró con desaprobación.
-Sí, pienso que ya comienzo, con la rima encima de cuanto parlamento yo comento, como abogado que apunta con su pregunta a saber la verdad verdadera de los hechos.
-Eso último no rimó.
-No.
-¿Le gustaría salir conmigo una vez terminado el juicio?- comentó el juez, levantando una ceja.
-Con todo gusto, su señoría.
-Bien, abogado de la fiscalía. ¿A las diez en la escalerita del mausoleo le parece bien?
-Me parece perfecto, su señoría.
-Bien, abogado de la fiscalía, por favor, prosiga.
-Dígame, señor Vespucio, ¿considera usted que la señora Broadcasting, viuda del señor Lamartine pudo haber tenido algo que ver con el asesinato del mismo? ¿Venganza tal vez? ¿Defensa propia durante alguna de las golpizas que el difunto Lamartine le propinaba?
-¡Piromanía! –exclamó el abogado defensor.
-Acá no hay más lugar- dijo el juez. –Por favor, señor Vespucio, respóndale al musculoso señor abogado de la fiscalía.
-Bueno, yo no sé si habrá sido ella o no. Lo que sí sé es que el señor Lamartine cuando vivía era muy
-¿Puedo ir?- interrumpió el abogado de la defensa.
-¿Cómo dice?- preguntó el testigo.
-No, a usted no le habla; –le aclaró el juez- me habla a mí. Y en todo caso, también al señor musculoso preciosote abogado de la fiscalía. Y no, señor Mendizábal, usted no puede ir. No hay lugar para usted.
-Qué lástima.
-Sí bueno, tal vez en otra oportunidad- dijo el juez, con la mirada posada en el abogado de la fiscalía. Bueno, señor Vespucio, continúe.
-No sé qué decía...ah, que Lamartine era muy impredecible- dijo el testigo.
-¡Soy culpable! ¡Soy culpable!- comenzó a gritar la señora Broadcasting, parada en la mesa donde su abogado tenía desparramadas varias hojas de papeles y carpetas.
-Bueno. Vamos cerrando el caso por acá, entonces. Háganme el favor de apagar todas las luces antes de salir, ¿si?- dijo el juez, mientras se metía, abrazado fuertemente al abogado de la fiscalía, en el armario del que había salido en primera instancia.
 El abogado defensor se quedó un rato sentado en su silla, desahuciado; luego rompió en llanto, y no se sabe si por rebeldía o por olvido, no apagó las luces a pesar de haber sido el último en salir.

Querid@ Flavi@


Ya se que hubiera sido más fácil agarrar un teléfono y llamarte, pero bien sabes que nunca fui buen@ para hablar, y que siempre me sentí más comod@ escribiendo, sobre todo a la hora de decir cosas importantes. Me dirás que soy cobarde, inmadur@, o que escribir cartitas es cosa de niñ@s tont@s, pero es algo que siempre me ha funcionado. De hecho recuerdo mi primer amor, en la escuela, se llamaba Renat@ y se sentaba justo detrás de mi. Siempre buscaba la forma de llamar su atención y encontraba cualquier excusa para girarme y verl@ aunque sea unos segundos. A veces me sonreía, no tenía much@s amig@s y hablaba poco con el resto de nosotr@s, los demás compañeros de clase. No fue sino a través de una cartita  borroneada por tantas inseguridades que finalmente pude decirle: "gusto tuyo". Su respuesta fue un dibujo de un espiral que se iba haciendo cada vez más oscuro hacia el centro, como una especie de ojo monstruoso hecho con trazos fuertes y frenéticos que terminaban rompiendo parte de la hoja. Interpreté eso como un "yo también". Supe años más tarde que Renat@ había intentado quitarse la vida varias veces y que de hecho militaba activamente a favor del suicidio anómico. Un@ nunca sabe con que tipo de enferm@ mental comparte sus primeros sentimientos amorosos hasta que ya se es lo suficientemente madur@ como para prevenir esas cosas, hablando de frente y dejando de mandar cartitas.
Como yo aún no he accedido a ese nivel de madurez, sigo sin saber qué tan loc@ estás vos, o yo, porque tampoco es cuestión de culpabilizar al otro sin mirarse un@ primero.
Y fijate que un poco loc@ tengo que estar yo, que se me dio por agarrar ese avión sin decirte nada y venirme a este país en donde ni siquiera se usa nuestro alfabeto para escribir. En donde con una gran moneda con un escudo lleno de pájaros puedo comprar todas esas cosas que tanto me gustan y que vos detestabas, porque decías que me encerraban aún más en mi mism@.
Me imagino que en este momento me estarás odiando, y que tus amig@s deben hablar pestes de mí a la vez que te presentan candidat@s para ocupar mi lugar. Para serte sincer@, lo segundo no me molesta tanto como lo primero, sobre todo porque se que un@ de l@s que más te debe estar llenando el coco es Camil@, y sabés como l@ odio.
Acá he conocido gente interesante y he hecho vari@s amig@s, y lo cierto es que me he estado llevando muy bien con un@ de ello@s, se llama Erbt y es ciertamente lind@, aunque aún no se lo he dicho. No creas que te cuento esto para darte celos, ya sabes que no soy de es@s tip@s rayad@s que les encanta hacer celar a sus novi@s... aunque supongo que nosotr@s ya no somos nada de eso.
De hecho te estoy escribiendo para contarte que finalmente he tomado una decisión importante, aunque quizás poco te importe.
Desde que me vine he estado yendo mucho al cine y en una de las películas que vi aparecía un perro ciego y sin patas intentando tener sexo consigo mismo, en este intento comenzaba a rodar hacia un barranco por el cual caía y moría días más tarde, solo, triste y ciego. Algo tocó en mi esa escena que después de verla no hice más que pensar en una sola cosa durante algunas semanas: cambiarme de sexo. No se cual fue la asociación, pero lo tome como una revelación y ahora ya estoy segur@ de querer hacerlo. Ya he visto al médico un par de veces y me he estado informando sobre el asunto, parece no ser riesgoso, más considerando que yo soy san@ y siempre hice deportes.
No creo que te esperaras algo así, siempre fui un poco rar@ pero no se si alguien hubiera podido anticiparlo. Creo que después de esto me voy a sentir mejor conmigo mism@, liberad@ de este cuerpo que ya no me pertenece a mi ni a vos, y finalmente me voy a reencontrar con lo que alguna vez, en alguna otra vida, debo haber sido...
Bueno, la dejo por acá porque ya debes estar aburrid@, y aparte estoy en un ciber, que en este país están prohibidos y no quiero ir pres@ más aún estando indocumentad@.
Te dejo un beso Flavi@, quizás la vida nos reencuentre y yo ya no sea más Marian@ sino Marian@, y a lo mejor vos seas Flavi@ y hasta nos podamos escapar junt@s a algún otro país, con un alfabeto más raro y con monedas más grandes y más llenas de animales.
              Cariños,
                           Marian@.
 
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