Las aventuras de Tamara, la rana Tupamara.










1- ¿Dónde te metiste, Tamara?


Tamara otra vez hizo de las suyas. Ay, Tamara, Tamara ¿qué vamos a hacer contigo, me querés decir?

Era una tarde templada de Setiembre, y la mamá de Tamara estaba en la cocina. Tamara, la Rana, estaba sentada sobre la alfombra, revisando atentamente su álbum de moscas. La mamá de Tamara es muy, muy distraída. Esta vez, por ejemplo, puso una torta en el horno y se sentó a mirar su novela preferida en la tele para esperar a que la torta se horneara. Un rato después, Tamara la Rana y su mamá, comenzaron a sentir olor a quemado. ¡Era la torta!
La mamá de Tamara corrió hacia el horno y con los guantes puestos abrió con cuidado la puertita: la torta estaba toda quemada.
-¡Uy, se me quemó la torta!- exclamó la mamá de Tamara.
Tamara la Rana la miró, pensativa. Luego, le dijo:
-¿Y qué vamos a cenar, mami? Esta torta está toda quemada.
La mamá de Tamara se quedó pensando un momento.
-Mmm…Voy a ir al supermercado ahora, y voy a comprar los ingredientes que me faltan para hacer otra torta. En la vida es muy importante intentar hacer bien las cosas, no importa si a veces nos equivocamos.
A Tamara la Rana le pareció que lo que decía su mamá era muy cierto.
-Esto es muy cierto- pensó Tamara la Rana.
La mamá agarró su cartera y salió rumbo al supermercado.

Cuando volvió ¡Qué sorpresa le esperaba!
Tamara no estaba en la casa. La mamá la llamó, una y otra vez. Recorrió todos los cuartos, la buscó en el fondo, en el jardín, pero nada.
-¿Dónde te metiste, Tamara?

Tamara la Rana, formaba parte de un comando del MLN Tupamaros. Aprovechando los descuidos de su mamá despistada, había participado de una acción con su amigo inseparable: Trapo el Sapo. Su amigo inseparable llevaba ese apodo porque el muy travieso se la pasaba remojando un trapito todo mugriento en éter, y aspiraba todo el día. ¡Qué plato este Sapo!

Juntos, con otros sapos y otras ranas de la vanguardia socialista armada, habían secuestrado a Leonel el Coronel, un maligno académico Puertorriqueño, director de la cátedra de Vivisección 3 en la Escuela de las Américas. Leonel el Coronel era un señor muy malo. Tamara la Rana y Trapo el Sapo lo tenían en una celda en la Cárcel del Pueblo.
-¿Así que vos les enseñás a los milicos a pasarle la picana a los batracios compañeros, eh?- dijo Trapo el Sapo, aspirando de su trapito humedecido en éter.
-No…Yo no- dijo Leonel, el Coronel.
-Ay, Leonel, Leonel –decía Tamara- ; ¿no te parece que ya sos grande para andar mintiendo?
-Bueno, sí. Yo les enseño. Pero se lo merecen ¡Son batracios marxistas!- gritó Leonel el Coronel.
Trapo el Sapo lo miró, asombrado. Luego su expresión pasó a ser de furia.
Trapo y Tamara la Rana se miraron.
-Tenemos que darle una lección a este hombre- dijo Trapo el Sapo.
-¡Sí! Pero… ¿cómo podemos darle una lección?- preguntó Tamara la Rana.
-¡Qué buena pregunta!- dijo Trapo el Sapo.
Los dos batracios pusieron sus manos en el mentón y comenzaron a caminar, pensativos. De pronto, Tamara tuvo una idea:
-¡Hagámosle cosquillas!
-¡Sí, hagámosle cosquillas hasta que no aguante más de la risa!- gritó Trapo el Sapo, entusiasmado.
-¡Por favor, cosquillas no!- gritó Leonel el Coronel, desesperado.

Le hicieron cosquillas durante dos horas y Leonel el Coronel no podía parar de reírse.
Después lo ejecutaron con un balazo en la frente, para que no pudiera enseñar a torturar a nadie más.

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