Narcotráfico de órganos entrevista (I)

HOY:
Enrique, el hacedor de colas

     Camino por un largo pasillo abierto y repleto de plantas descuidadas, una calcomanía del escudo de Rentistas y otra de Tarjeta Cabal, algo descoloridas por años de exposición al sol, adornan la puerta de entrada a la casa de Enrique.
Me atiende su hija, “papá se está bañando porque sabía que venían”, la niña, de aproximadamente 8 o 9 años, tiene una frente desproporcionadamente grande en comparación con el resto de su pequeño rostro. Me siento y espero, mientras ojeo un ejemplar de “El Universal”..
- Ese me lo regalaron el otro día…
Enrique salía del baño con una gran sonrisa y recién afeitado, era bastante gordo y llevaba una remera de los Juegos Olímpicos de Atlanta 96.
- Los tipos van y sin decirte nada te regalan el diario… ta bárbaro.
Luego de ofrecerme mate y una torta de naranja –bastante rica- que su propia hija había hecho, nos ponemos a charlar.

H - ¿Cómo exactamente se llamaría tu profesión? Es medio raro decir “hacedor de colas” no?
E - Uno se acostumbra, para mi a esta altura es como decir carpintero, abogado, presidente de la República, pero técnicamente sí, el nombre sería “hacedor de colas”
H - O sea, cuando tenés que llenar algún documento que requiera especificar tu profesión, ¿cómo ponés?
E - Yo personalmente prefiero poner “trabajador independiente” o sino “empresario”…no me parece que mi trabajo se ubique dentro de lo que son las changas, porque desde siempre hago el mismo trabajo.
H - ¿Cómo empezó todo esto de hacer colas como medio para vivir?
E - Esto es un negocio que es tradición familiar, lo empezó mi abuelo cuando vino de España, el tipo no sabía hacer nada pero tenía mucho aguante para estar parado, así que empezó a ofrecerse para hacerle la cola a los inmigrantes en el registro a cambio de vino, aguardiente o incluso opio, mi abuelo era un gran consumidor de opio, de ahí su sobrenombre…
H - ¿Cómo le decían?
E - Opio.
H - Así que esta es una profesión que se fue transmitiendo de generación en generación..
E - Sí, mi padre empezó a ayudar a mi abuelo cuando el viejo estaba muy dado vuelta y así empezó a agarrar viaje con eso. Y conmigo fue distinto, a lo primero él quería que estudie pero es como yo siempre digo, cuando uno lo lleva en la sangre lo lleva en la sangre, no hay vuelta.
H - ¿Y cuándo empezaste concretamente a trabajar de esto?
E - Cuando era un pibe, tendría 12 o 13 años, me iba con mi tabaco y mis hojillas a hacer la cola para cobrar jubilaciones principalmente, cosas fáciles al principio viste.. y mi viejo vio que andaba bien y me empezó a tener fe para laburar de esto, un poco también conciente de que a él ya no le quedaba mucha cuerda..
H - ¿Dirías que este es un trabajo complicado?
E - Y… es como todo. El que lo ve de afuera se piensa que es fácil, que “no hay que hacer nada” o que es “estar parado” y ta, pero la verdad es que no es tan así, hay muchísimas variables en  juego a la hora de hacer una cola y yo te diría que lleva años aprender a hacer bien una cola.
H - ¿Qué dirías que es lo más jodido de un laburo como le tuyo?
E - Las viejas, indudablemente las viejas. Mi padre me enseñó a laburar con ética por sobre todas las cosas, y la regla de oro en este trabajo es no colarse, después dado el tipo de cola que se haga puede haber muchas otras, como no hacer la cola para un revendedor de entradas, etc. Pero el tema de colarse es algo inadmisible, y las viejas son las que más lo hacen, entre muchas otras cosas.
H - ¿Por ejemplo?
E - Por ejemplo que ellas te llegan 5 horas antes a hacer una cola igual, eso no va en contra de la ética, pero se la complica bastante a un laburante como uno, que tiene muchas otras colas para hacer ese mismo día. Y cuando digo “vieja” me refiero a las que todavía pueden caminar y manejarse por sus propios medios, después de que se joden la cadera y la columna me sirven porque son las que más laburo me dan… por eso te digo, es complcado.
H - ¿Qué pensas acerca de los lugares donde se sacan números y no se hacen colas?
E - Estoy en contra de los números, no es porque me saquen laburo, es porque al final uno termina siendo esclavo de un papelito con un número y te da la falsa sensación de que sos libre, un suponer, va por el 24 y te tocó el 68, ahí decís “ta, me da para hacer tal o cual cosa”, pero en realidad en ese rato estas pendiente de si no va a pasar tu número, entonces al fin y al cabo sos esclavo de un papelito. Aparte se presta para transgresiones como por ejemplo darle tu número al que recién llega si te vas, eso es injusto para los otros, en las colas no pasan esas cosas, hay un órden que todos ven y que tienen que respetar, en el sistema de números uno especula y no sabe quién tiene cual número, es todo por atrás, a escondidas, en la cola no.
H - ¿Estas a favor de eso que muchos hacen de “cuidame el lugar que ahora vuelvo”?
E - Hay que considerar cada caso en particular, personalmente no me gusta mucho eso, pero hay veces que es necesario… he visto gente defecarse encima mientras hacía una cola por no perder su lugar, he visto a mujeres dar a luz en la fila para no perder su lugar…
H - Me imagino que tantos años en esto habrás visto cosas increíbles, ¿qué fue lo más asombroso que te ha pasado mientras hacías una cola?
E - Yo te puedo decir que vi a María Inés Obaldía golpear a un niño con un paraguas hasta dejarlo inconsciente, y como te digo eso te puedo decir también que vi a un tipo deglutir su propia mano en una protesta frente al Ministerio de economía y finanzas…
H - Asombroso, por último, ¿te gustaría que tu hija siguiera con esta tradición familiar?
E - Yo le digo que ella siga su corazón, ella quiere ser cantante… igual yo le digo que perfectamente podría cantar mientras hace colas, que son cosas complementarias, creo que el arte de vivir pasa por descubrir las cosas que nos hacen feliz y tratar de hacerlas todas juntas, como hacía mi abuelo que tomaba mientras hacía cola, o yo que me llevo crucigramas.

Mientras su hija me entrega un trozo de torta de naranja envuelta en una servilleta, Enrique me pregunta si puedo publicar su teléfono en esta nota a modo de publicidad, le digo que me lo deje y que después el editor decidirá si se publica o no.

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