3 al precio de 1

Me gustan los cantores

(Recítese sobre arpegio de milonga)

Me gustan los cantores que cantan verdades.
Los cantores que cantan mentiras no me gustan, porque son unos mentirosos y mentir está mal.

Me gustan los cantores que cantan fuerte y claro.
Los que no se expresan con claridad no me gustan, porque no se les entiende nada de lo que dicen. Y si no los entiendo entonces no puedo comprender el mensaje que quieren transmitir.

Me gustan los cantores sobrios.
Los cantores borrachos o drogados no me gustan, porque su desempeño a la hora de cantar o ejecutar un instrumento puede verse seriamente comprometido. Y si no pueden cantar, entonces no hay música.

Me gustan los cantores que luchan contra monstruos mutantes del espacio exterior.
Porque defender la tierra de invasores extraterrestres es una tarea muy noble. ¿Y quién mejor que el noble cantor, con su infinita valentía, para llevarla a cabo?

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José Pedro Varela

Iba por la calle caminando tranquilamente cuando pasé frente a una casa verde. A pocos metros de la puerta abierta de la casa yacía sobre la vereda una pequeña cocina de juguete, diminutas ollas y sartenes, un billete de cincuenta pesos y una muñeca sin cabeza. Aparentemente no había nadie cerca, y no pude percibir movimiento o ruido alguno en el interior de la vivienda.
Recogí el billete, lo puse en mi bolsillo y seguí mi camino como si nada. Una cuadra más adelante un dedo tocó mi hombro. Era una señora alta, delgada, de cara muy arrugada y ojos azules. Llevaba una niña rubia de unos cuatro años prendida a su mano derecha.
La mujer me ordenó que le devolviera los cincuenta pesos. Lo hice, pero a ella no le pareció suficiente, y me exigió que le diera cincuenta pesos más. Le dije que no traía más dinero conmigo. Me miro fijamente sin decir una palabra, de alguna forma sabía que le estaba mintiendo. Fue entonces cuando salí corriendo.
Corrí asumiendo que de esa forma me libraría de ella. Me equivoqué. La mujer dejó atrás a la niña para perseguirme. La hija de puta corría muy rápido, pero no me alcanzó. En cierto momento llegué a sacarle más de una cuadra de ventaja. Doblé una esquina y luego otra tratando de perderla. Logré escapar y volví a mi casa, agotado.
Esa noche soñé que pasaba frente a la casa verde, recogía el billete y era abordado por la señora que volvía a perseguirme tal como había ocurrido esa tarde. A la mañana siguiente me levanté preocupadísimo. Me tomé algunos minutos después del desayuno para reflexionar sobre la situación y finalmente decidí que le daría a la mujer los cincuenta pesos que me había exigido.
Busqué la casa verde pero ya no estaba allí. Había en su lugar un baldío donde estaban instalados doce docenas de diminutos circos. Cada uno de ellos contaba con una carpa de forma y color particular, y estaban enroscados en una feroz competencia disputándose el escaso potencial público que pasaba por allí (en estos días escasean los hombres diminutos con interés en los espectáculos circenses).
Me agaché y pregunté en el primer circo a mi alcance por la mujer rubia de la casa verde. Un pequeño hombre fornido me contestó usando un megáfono. “Esa mujer es en realidad un pollo entregado a la adoración del demonio. No querrás saber qué pasó con ella.”

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Tres Tristes Trailers

(Adelantos de El Show de Ventilador)

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Consejos aconsejadores: qué hacer cuando...

Qué hacer mientras a uno le cantan el “Feliz cumpleaños”

1) Sonreír con cara de idiota, como si uno verdaderamente disfrutase del momento.

2) Mirar hacia el piso para no ver la cara de idiota que ponen los demás al aplaudir y cantar.

3) Aplaudir y cantar mirando a otra persona, intentando de ese modo confundir a los demás y hacerles creer que no es uno el receptor del canto, sino un tercero. Es imprescindible no encontrarse en el centro de la ronda; si es posible hay que empujar a otra persona hacia la torta.

4) Desmayarse. Dejarse caer de pronto interrumpiría el canto y podría justificarse por la gran emoción y alegría del momento. Luego puede seguir con la fiesta pero sin cantos ni aplausos.

5) Orinar la torta de cumpleaños. Uno suele beber mucho en los cumpleaños y éste puede ser un buen momento para evacuar.

6) Manosear la torta. Me refiero a una de las dos strippers lesbianas que los amigos de uno debieron contratar. Que los demás aplaudan y canten. Total, qué importa.

7) Cantar otra canción, pero más fuerte. Preferentemente una canción de cancha, con actitud de “vos no me vas a venir a cantar a mí en la cara” “serán muchos y yo uno solo, pero me la banco” o sino simplemente un “oooooooooh oooooooooh” agitando la manito.

8) Ponerse los auriculares del mp4 o cualquier otro reproductor de música haciendo gestos de asentimiento con la cabeza; algo así como un “qué bueno, que bueno que me canten así”

9) Empezar a saltar en el lugar, agitando con la manito como si se tratara de un hincha de fútbol. En este caso no se canta contra otros, sino que se agita como si uno fuese un hincha retrasado mental, valga la redundancia.

10) Tocarse. Y me refiero a “tocarse” en el sentido erótico.

11) Bailar. Improvisar una danza es conveniente, porque ya que todos nos miran y nos cantan, les retribuimos con arte. Hay que bailarles de cerca.

12) Captar la atención de los que cantan para hacer que no canten y aplaudan de forma combinada y coordinada. Después podemos echarles en cara eso mismo. Una buena manera de distraerlos sería inyectarse algo (la morfina siempre es una buena idea); o tal vez empezar a quitarse la ropa con naturalidad, así, como si nada extraño estuviese pasando.

13) Fingir un arresto. Los amigos aquí deben colaborar. Montar una farsa sin los amigos es un error estratégico.

14) Hacerse arrestar verdaderamente. Esta es otra forma de terminar con ese momento tan tenso del canto- es un modo peculiar de hacerlo, es cierto, pero funciona.

15) Comprar unas lámparas que se enciendan al aplaudir y luego fingir un ataque de epilepsia hasta que cesen los cánticos y aplausos y se torne el jolgorio en preocupación.

16) Reírse a carcajadas, señalando a los que cantan, tirándose al piso en algún momento, agarrándose la panza y dando piñazos al piso.

17)Mientras la gente nos canta el feliz cumpleaños sacamos un revolver de nuestra canana -porque siempre hay que usar una canana- y comenzamos a juguetear con ella; la golpeamos contra la palma de la mano, como si estuviéramos sosteniendo un bat de béisbol; hacemos movimientos bruscos con el arma mientras nos siguen cantando. Luego, cuando llega la parte en que dicen nuestro nombre -si es que no se sintieron intimidados antes- comenzamos a tirar tiros al aire. También se puede disparar a los pies de los que cantan, porque "ya que cantan, bien pueden bailar".

18) Matarlos a todos.

El "Cronograma de las 10 & 3"

Por fin un post con utilidad práctica, yo lo esperaba tanto como ustedes. Algunos me dirán “no, pero ya has escrito cosas muy útiles y fundamentales para nuestra vida!”, sí, puede ser que tengan algo de razón, pero seguramente lo dicen porque aún no han leído esto.
Desde lo más profundo de mis registros mnémicos recuerdo que siempre tuve dificultades para dormirme temprano, no obstante esto no me representó un problema mientras concurrí a la escuela y al liceo, donde los horarios de entrada eran factores reguladores de mis ciclos de sueño/vigilia. El problema llegó después, cuando se me dio la libertad de elegir mis propios horarios, y bedelía me tentaba con cómodas clases a las 6 o 7 de la tarde. Todas las mitologías están plagadas de situaciones semejantes, donde los dioses cometen el error de en algún momento darle al mortal la posibilidad de elegir; el maldito libre albedrío que termina siendo siempre la perdición del hombre. Es así entonces como hace 8 años que vengo (o venía) sin poder conciliar el sueño antes de las 5 am, y cuando uno no es adepto a los hipnóticos y confía en que la biología humana haga lo suyo, y no lo hace, la cosa se entra a complicar. Comienza no siendo un gran problema, se disfruta la tranquilidad de la madrugada, el celular no suena, los vecinos duermen, Internet anda más rápido y uno comienza a ver siempre las mismas 5 personas conectadas en el msn, los amigos de la noche, compañeros de la vigilia, cómplices de la trasnochada, sabedores del inminente amanecer. Cuando uno se descubre comiendo un plato de milanesa con puré a las 9 de la mañana y no logra identificar si se trata de una cena tardía, o un almuerzo prematuro, o un desayuno contundente, o una merienda de no-se-sabe-cuando, es señal de que algo anda realmente mal y que se necesita un reacomodo drástico si no se quiere seguir viviendo según los horarios de Islandia.
Si uno vive con personas que padecen la misma problemática, esta se va a ver agravada de forma considerable, y si uno piensa que al irse a vivir solo este problema va a ser cosa del pasado, pues debe saber desde ya que no es así.
En mi caso, no sólo tengo todos estos agravantes sino que además dos de mis jornadas laborales semanales transcurren de 0:00 a 8:00 am (no, no trabajo en una wiskería, es mucho más aburrido que eso aunque hay una equivalente proporción de drogas en ambos lados), lo cual es un hermoso fundamento para explicar por qué duermo de día y vivo en la noche. Si fuera Vlad Tepes esto no sería un problema mayor, pero lo cierto es que mi me encanta la mañana como espacio temporal, tanto o más que la madrugada, y si pudiera elegiría estar perpetuamente despierto.
Creo que la terrible desazón de despertar cuando ya esta oscureciendo fue lo me llevó a confeccionar un cronograma de horarios para acostarme y levantarme que se ajustaran a mi situación particular, para así poder vivir más o menos parecido al resto de los seres humanos. Lo empecé a aplicar sin demasiadas esperanzas, pero increíblemente los resultados comenzaron a vislumbrarse enseguida, fue ahí cuando advertí que mi cronograma podría aplicarse a otras personas que necesiten de una matriz estructurada de horarios para no tener cara de recién levantado a las nueve de la noche. El cronograma, al que llamaremos “Cronograma de las 10 & 3”, es más sencillo y eficaz de lo que parece, y como decía, lo pensé según mis propias necesidades sin advertir que podría ser la salvación de muchos; presten atención: consiste en acostarme a las 3 am (o antes) y levantarme a las 10 am, asimismo, los días en que trabajo de noche me acuesto a las 10 am y me levanto a las 3 pm (de ahí el astuto nombre) para luego volver a acostarme nuevamente a las 3 am. La clave está en no levantarse más tarde de las 3 pm, cinco horas de reposo son suficientes para llegar a la noche con algo de sueño. Los horarios no fueron elegidos azarosamente, son el resultado de muchas jornadas de ensayo y error; las 3 am es un horario razonable para acostarse, no podemos pretender comenzar con un régimen que implique acostarse a las 12 de la noche, eso sería demasiado pretencioso. A su vez, las 10 de la mañana es un buen horario para levantarse, permite desayunar y almorzar a una hora en las rotiserías aún tienen comida.
Lo ingenioso de todo esto es que las personas que no son yo también pueden beneficiarse utilizando el Cronograma de las 10 & 3 y recuperar sus vidas perdidas de la siguiente manera: al igual que en mi caso, la idea es que la persona se acueste a las 3 am y que se levante no más allá de las 10 am, y los números se invertirán en caso de que no se logre conciliar el sueño antes de la hora preestablecida, es decir, en caso de desvelarse (algo esperable los primeros días), se deberá permanecer despierto hasta las 10 am, cuando se acostará para levantarse a las 3 pm (es fundamental que se respete el horario para levantarse, ya comprobé con mi propio cuerpo que un desliz de un par de horitas lo arruina todo) y finalmente acostarse a las 3 am.
Juro que funciona.
Esto es conocimiento volcado a la sociedad de forma gratuita, así como muchas de las cosas que usamos a diario fueron inicialmente invenciones bélicas, lo que pretendo es que dentro de varias décadas el Cronograma de las 10 & 3 pase a integrar un “¿Sabía usted que…?” donde dirá algo como “¿Sabía usted que el archifamoso Cronograma de las 10 & 3 fue inventado por un astronauta de un país llamado Paraguay y que surgió como una solución a sus problemas para dormir por tener que ir al espacio exterior dos veces por semana?”.

Alberto Volonté (Integrante de la fórmula presidencial Volonté-Ramos por el Partido Nacional en las elecciones de 1994) lo probó y le funcionó. Ahora es feliz y tiene cuatro hijos: Romeo, María Florencia, María Lorena y María Andrea.

 
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