Un inadaptado del rocanrol

o como me sugirió mi editor imaginario:

A Rock and Roll Misfit

Admito ya de arranque nomás, que tengo un problema: no sé cómo comportarme en un toque de eso que ampliamente se denomina Rock.

De ninguna manera puedo atribuírselo a la inexperiencia, como sí sería el caso si hablara de una sesión del Senado de la República, un espectáculo de ópera, o un ensayo de alguna agrupación de parodistas de carnaval. He ido bastante a toques /conciertos /recitales (elija la denominación que se adapte a su edad) de eso que ampliamente se denomina Rock y jamás pude resolver mi problema.

Debo aclarar, ahora que releo la primera oración, que cuando digo “no sé cómo comportarme en un toque” no me refiero a que me transformo en un salvaje, en un rebelde irredento, en un ritualista dionisíaco; me refiero a que no sé qué hacer durante el toque.

Lo primero que intenté, naturalmente, fue imitar a los demás. Y a riesgo de sonar como un anarcocaprichoso romántico, el temita de hacer el mismo ritual que hacen los demás me aterra. Debe ser algo psicológico; me sucede también cuando pasa una mina que está buena y los que caminan conmigo se dan vuelta para mirarla pasar y yo no lo hago, mientras que en la misma situación, cuando voy solo, me doy vuelta y miro atentamente. Si sé que los demás se van a dar vuelta a mirar, yo siento la necesidad de diferenciarme, pagando el precio de no ver al susodicho hermosor de mujer.

Lo mismo, exactamente lo mismo, me sucede en los toques. No puedo imitar el gestito con el puño levantado, que golpea ridículamente el aire rumbo al escenario; no puedo dar vueltitas en círculo mirando desafiante a los demás, no puedo agitar con mi manito como si fuera un barrabrava, no puedo cantarle las canciones a los músicos y hacer la mímica de lo que digo, no puedo levantar mi índice ante las partes donde me siento más representado por la letra de la canción, ni hacer caras mientras canto; y para ser honesto, tampoco suelo cantar. Tampoco, naturalmente, considero la idea de meterme a dar saltos de aquí para allá contra otros que están haciendo lo mismo, por lo antes explicado de mi fobia a la coreografía, y por mi salud física.

En otras palabras: voy a los toques de lo que ampliamente se denomina Rock, a mirar el espectáculo. Sí. Lo admito; y no es la edad, siempre fui así.

No sé tocar la guitarra, ni el bajo, ni la batería, así que tampoco puedo poner cara de “estoy esperando que te equivoques, músico, para hacer una mirada de desaprobación, o buscar una mirada cómplice de otro músico/crítico presente para menoscabar tu prestigio y la valoración de tus habilidades”.

Apenas atino a poner mis manos en los bolsillos, y balancearme suavemente, siguiendo vaya a saber uno qué ritmo; lo que se dice un estúpido. Mis manos en los bolsillos y mi balancear leve me hacen sentir más o menos bien en los toques de los Supersónicos, por ejemplo. En los de la Chancha, en cambio, me siento un poco fuera de lugar. Los de Cuatro Pesos de Propina me dejan totalmente alejado de la conducta general de la tribu.

Una salida que tengo, y la llevo adelante en la medida en que mi economía y mi riñón me lo permiten, es el alcohol; tanto para sostener algo en la mano y poder pasar por “un gurí que no salta porque está tomando” o para estar totalmente dado vuelta y que la incomodidad de no poder hacer lo que hay que hacer en los toques de lo que ampliamente se denomina Rock desaparezca por un rato.

Recién, mientras pensaba en el siguiente párrafo, sufrí un escalofrío: cuando uno de los músicos aplaude, pretendiendo que el público siga el ritmo de palmas que él o ella propone, realmente me siento fuera de lugar; ya el hecho de aplaudir al finalizar la canción es algo que me incomoda, pero con el tiempo lo he podido superar, y ahora lo hago sin problemas, salvo cuando estoy sosteniendo un vaso o una botella, claro está.

Cuando cantan “el que no salta es militar”, yo trato de explicarle a los demás, sin éxito, que yo no salto al mismo tiempo que ellos, no por que sea militar ni porque esté deseoso de la vuelta de los milicos, sino por ser un inadaptado del rocanrol.

Un inadaptado del rocanrol.

Uoó oh.

Un inadaptado del rocanrol.

1 comentarios:

  1. Cuando el rock se convierte en mainstream y cosas como, digamos, el pelado Cordera son consideradas rock; no seguir las conductas de la tribu es mucho más rockero que ser un corista honorario. Y más rockero todavía es ni siquiera ir a los toques/recitales/conciertos.

    Para estos casos viene bien una cita del gran Melero: "Yo no tocaba con sintetizadores y cajas rítmicas porque era un chico techno, tocaba con sintetizadores y cajas rítmicas de rockero que era".

 
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