Franz, el vino y yo.

-Está bien Franz, acepto- dije yo, en un precario alemán. Él asintió, y me invitó a sentarme en una de las viejas sillas de madera. Hubo unos segundos de silencio.

Franz me había propuesto jugar a un juego que describió como “fascinante”; al menos eso me pareció comprender, porque mi alemán era muy rústico y su acento checo complicaba aun más el entendimiento.

Encorvado en la silla, tenso, comenzó a decirme las reglas del juego, que según recuerdo, eran algo así: debíamos beber vino de una jarra de plástico, por turnos. La jarra debía estar siempre llena, casi hasta el borde, y quien se volcara vino debía anotar, en la libreta de anotaciones que Franz colocó en la mesa de madera, un punto. Cada punto –que no estaba claro si era a favor, o en contra- se sumaría – o se restaría- al final de la partida. El final de la partida, sin embargo, no estaba claro; bien podría ser que el juego terminara cuando se acabara el vino, o cuando uno de los dos se emborrachara tanto que no pudiera continuar. O bien podría terminar por otra razón. Tampoco estaba claro de dónde salía el vino para llenar la jarra hasta el tope, porque a medida que jugábamos Franz seguía sacando botellas de vino con las que llenaba la jarra hasta el borde, y parecía que las botellas nunca se acabarían.

Franz se emborrachó antes que yo, pero yo me volqué más veces. Cinco, si mal no recuerdo. Su borrachera hizo su alemán menos comprensible para mí, y mi alemán se volvía cada vez más parecido al inglés –para luego ser sencillamente castellano- a medida que mi borrachera crecía. En un determinado momento, creo que comenzamos a jugar juegos diferentes, y a conversar sin entender una sola palabra de las que decía el otro.

Recuerdo que Franz cayó de la silla. Arrastrándose, se dirigió a su cuarto, y como pudo se metió en la cama. Ya era muy tarde y me parecía una imprudencia quedarme en su casa. A tientas, le seguí los pasos y me acerqué a su cama; mi intención era despedirme, aunque fuese en español, con un gesto que suponía yo universal; sin embargo, la imagen que tuve de Franz me espantó tanto que decidí irme rápido y sin saludar. Franz mutaba.

Me pregunto en qué se habrá convertido a la mañana siguiente.

3 comentarios:

  1. Emerre dijo...:

    Jeñal. Yo me la veía venir por el lado de MAx Brod.
    Igual era Gregorio, no?

  1. Daritxo dijo...:

    Sí. Era medio previsible el final, pero lo soñé así el asunto, más o menos así.

 
© Narcotráfico de órganos | Designed by Blogger Templates.