La Antena Sospechosamente Grande de mi vecina


Esta semana se cumplieron diez meses desde que me mudé a mi actual morada; un pequeño edificio ubicado en el límite de los barrios Centro y Cordón.

Una vez ya había intentado subir a la terraza pero la puerta se resistía a ser abierta, hablé con ella civilizadamente pero no hubo caso, me dijo que necesitaba saber quién era y me pidió un montón de papeles que yo no tenía, así que renuncié al intento.

Hace poco sucedió algo allí arriba y se rompió un caño, como consecuencia los habitantes del edificio eventualmente tendremos que pagar varios miles de pesos a OSE por el arreglo, porque según decía la boleta, "es una terraza con acceso".

Tomé el recibo, lo releí varias veces y subí la escalera de a dos escalones, no porque estuviera apurado, sino porque los escalones siempre tengo que subirlos de a número par y llegar con mi pié derecho, si llego con el izquierdo debo retroceder 4 escalones y subirlos de a uno.

Una vez frente a la puerta comencé a agitar el recibo delante de su cara, estuve dos o tres minutos así hasta que finalmente dije con un tono elevando:

- Mirá, leé lo que dice ahí, una "terraza con acceso", ¿por qué otro lugar se supone que se accede si no es por acá? eh?

- Como dijo Arthur Shopenhauer "La cólera no nos permite saber lo que hacemos y menos aún lo que decimos"

- No, no es que haya entrado en cólera, pero me revienta que dejes subir a mi vecina así sin más y a mi me vengas con estos planteos burócratas; no vengas a joderme, yo también pago los gastos comunes y eso te incluye a vos.

- Como dijo Arthur Shopenhauer "Muchas veces las cosas no se le dan al que las merece más, sino al que sabe pedirlas con insistencia"

Comencé a pegarle patadas en la cara y en los riñones hasta que finalmente se abrió abatida, escupiendo una espesa bola de sangre. Pasé a su lado y murmuró unas palabras; me detuve unos segundos para observarla y luego volví sobre mis pasos. Tomé una cuerda, até sus pies a un carro y dí tres vueltas a la terraza con la puerta a rastras. Desde ese momento la llamaría Héctor.

Luego de contemplar el paisaje urbano y nocturno que se desplegaba a mis pies, bordeé caminando el perímetro de la terraza hasta llegar al otro extremo, el que da hacia el pulmón de la manzana. En ese recorrido distinguí ante mi, clavada sobre el techo de una pequeña casita cuyo piso era el mismísimo techo de mi apartamento, una Antena Parabólica Sospechosamente Grande. El término "sospechosamente" en este caso hace referencia a que sus dimensiones no se correspondían con lo que se pude considerar una antena parabólica de uso doméstico.

Tres conjuntos de cables emergían desde su espalda convexa, jorobada. Los seguí a lo largo de la terraza y vi cómo desaparecían en la ventana de mi vecina. Mi vecina la que me dijo que se recibió de escribana, mi vecina la que me dijo que es de Flores...

- ¿Qué es todo esto?

Le pregunté a la Antena Sospechosamente Grande sin dar rodeos

- Como dijo Lao-tsé "El que sabe no habla, el que habla no sabe."

- ¿Quién es mi vecina? ¿por qué esta Antena Sospechosamente Grande aquí arriba?

- Como dijo Lao-tsé "Si das pescado a un hombre hambriento, le nutres una jornada; si le enseñas a pescar, le nutrirás toda la vida"

- Esa frase me parece haberla oído antes, ¿qué me estás queriendo decir con eso de aprender a pescar? ¿es que no me podés contestar lo que te pregunto?

- Como dijo Lao-tsé "El sabio no enseña con palabras, sino con actos"

- Sí, lo sé

- Como dijo Lao-tsé "Saber que no se sabe, eso es humildad; pensar que uno sabe lo que no sabe, eso es enfermedad"

La Antena Sospechosamente Grande lentamente comenzó a desplomarse, agonizante, tardándose en su caída, unos segundos después de haber tirado de sus extremidades. Como tres mangueras que escupían sangre, desprendidos y aún con vida, sus brazos amputados se agitaban por el aire, frenéticos, impredescibles. La Antena Sospechosamente Grande quedó tendida sobre la terraza con el mentón roto y más jorobada que nunca.

Excitado, me dirigí hacia la entrada, subida o bajada, y vi el carro, y vi a Héctor, y vi sus pies amarrados, y comencé a devorarlo. Convertido ya en un reptil, inicié mi descenso por las escaleras, deslizándome suavemente, sin contar los escalones.

3 comentarios:

  1. Eufrasio dijo...:

    Ya lo dije, lo vuelvo a decir: tu vecina es una espía rusa.

  1. xopxe dijo...:

    La pandilla de la computadora. Mismo.

  1. Anónimo dijo...:

    los de Flores somos todos así!

 
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