Apuntes históricos: La Guerra Fría

La Guerra Fría fue un episodio lamentable para la humanidad; fue un conflicto entre dos bloques ideológicos con proyectos imperialistas: por un lado, los Estados Hundidos de América, y por el otro la Unión de Repúblicas Socialistas Diabéticas.

Si bien el enfrentamiento surge como consecuencia de la situación político – militar resultante de la Segunda Guerra Mundial, bien puede decirse que ambos bandos se tenían ganas. Y esas ganas que se tenían las resolvieron, como tantas otras veces a lo largo de la historia, tirándose cubitos de hielo. Ya fuese en Vietnam, como antes en Corea, en Afganistán o en la Alemania dividida, la lluvia de cubitos de hielo de un lado a otro de la cortina de hierro fue algo constante. Se recuerdan aun episodios como la colocación por parte de la Unión Diabética de una catapulta-tira-cubitos-de-hielo en Cuba, apuntando directamente hacia los Estados Hundidos, lo que desembocó en la también memorable Invasión de la bahía con cochinos en la que los Estados Hundidos y disidentes cubanos de la revolución de William Castro intentaron invadir Cuba lanzando cientos de chanchos rumbo a La Habana a través de la playa de La Agraciada; lo que supuso un gran error estratégico y un duro revés a la campaña de invasión, principalmente porque la playa de La Agraciada no se encuentra en Cuba, sino en la Banda Oriental.

Otro episodio memorable de La Guerra Fría fue la guerra de Vietnam, donde en otro grandísimo error estratégico el ejército americano pretendió vencer a la guerrilla del King Kong- apoyada por los Diabéticos-, lanzando cubetas de hielo en una selva calurosa como la de Vietnam; ¡Hay que ser pelotudos!

De cualquier modo, a pesar de los errores estratégicos de los americanos y de las ventajas apreciables de los Diabéticos para conseguir hielo y nieve en la madre Rusia, La Guerra Fría fue en extremo pareja. Esto se debió en parte por el ataque constante de los Estados Hundidos a las provisiones de insulina de la Unión Diabética y a la propensión de éstos últimos al consumo de alcohol. Está claro que diabéticos desesperados por la falta de insulina, y encima borrachos, no pueden triunfar en un conflicto bélico.

Hoy en día La Guerra Fría es cosa del pasado (no en vano forma parte de estos Apuntes de Historia) pero en los últimos años el mundo a comenzado a temer un nuevo enfrentamiento de esa escala a raíz de las tensiones entre los Estados Hundidos, que pretenden la exclusividad de posesión de cubeteras de hielo, y la República Popular de Corea e Irán. Los coreanos afirman cosas incomprensibles acerca de sus motivos para tener cubeteras de hielo, y son incomprensibles fundamentalmente porque las cosas las afirman en coreano, y el coreano no se entiende.

Irán por su parte, con Mamút Imagine ¡ya! a la cabeza, alega que las cubeteras que poseen son exclusivamente para desinflamar tobillos en caso de esguinces; porque es bien sabido que los iraníes, al correr en chancletas en la arena, suelen esguinzarse re fácil. Pero con ellos nunca se sabe.

Terry Jones: el hombre que se enfrentó al mundo por perseguir un sueño

Siempre dije que Uruguay no llegará jamás a ser un país primer mundista en tanto no sea capaz de producir algunos adolescentes descompensados que entren a los liceos y maten gente al azar, para luego quitarse la vida a sí mismo. Acá estamos lejos de que cosas así sucedan porque producimos pobreza antes que esas otras cosas, entonces si alguien entra armado a alguna institución educativa, será a alguna escuela y para chorrearse las ceibalitas, venderlas e inyectarse pasta baste por la nariz. He ahí la diferencia entre un país rico y uno pobre. Y ahora sí, otra cosa que nos falta a nosotros es tener tipos como el pastor Jones.

Hoy, Terry Jones, es el feliz pastor de una iglesia evangélica ubicada en un pueblito de Florida, pero antes de eso fue un niño. Y como todo niño, fue abusado por un cura. Y los curas, como todas sabemos, antes fueron niños víctimas de abusos sexuales por parte de otros curas, que fueron abusados por otros y así sucesivamente hasta el primer cura: Adán, del cual Dios lógicamente abusó. Y este es el origen del sujeto, el sujeto de la castración freudiana, el sujeto edípico de Sófocles, el sujeto disciplinado de Foucault, el sujeto fragmentado del capitalismo mundial integrado, el sujeto traumado, angustiado, con nombre ridículo del que todos sus amiguitos de la escuela se burlaban haciendo rimas tontas. Pero no quiero hablar de mí, hablábamos del pastor Jones. El pequeño Terry, a diferencia de los otros niños de su barrio, era muy pobre, por lo que a la temprana edad de 4 añitos tuvo que empezar a trabajar a una mina a unos 15 km de su casa y donde desempeñaba tareas bastante peligrosas pero muy útiles, puesto que su pequeño y escurridizo cuerpecito era capaz de acceder a lugares imposibles para un adulto. Por esa época conoció al pastor Duncan, un coreano nazi cuyo verdadero nombre era Yong Jun Choe y que tuvo que ocultar su identidad luego del suceso de Pearl Harbor. Con el correr del tiempo, Duncan se fue convirtiendo en el mayor referente espiritual de Terry, al punto que con tan solo 6 años, él mismo se tatuó la cara de aquel en la espalda. Luego de esto Duncan le propuso que sea su monaguillo y por supuesto abusó de él, pero como ya sabemos, a los pastores se les tiene permitido abusar de sus monaguillos. De esta forma, Duncan se empezó a enamorar del pequeño Terry, hasta que un 10 de setiembre, en un arrebato de romanticismo le propuso huir juntos a Corea del Norte. Ese día se destapó todo sobre la verdadera identidad de Yong Jun Choe, del cual nunca más se supo nada, y también ese mismo día algo se despertó dentro de Terry Jones.

Hoy, este pastor a quién los años y las desventuras lo han convertido en un sabio, asegura que las coincidencias no existen, y que por tanto no puede ser un mero capricho del azar que los atentados a las torres gemelas hayan sido un 11 de setiembre –un día después de que él se enterara la verdad y tan luego justo en las torres gemelas, clarísimos símbolos fálicos- y propone el “International Burn a Korean Day”. La idea es acercarse a su iglesia a eso de las 6 de la tarde con un alimento no perecedero y algún coreano para quemar, “para que no haya nunca más un Duncan entre nosotros”.

Terry Jones aún espera con la paciencia que sólo Dios le puede dar, el día en que encuentre al pastor Duncan entre las góndolas de una tienda de pesca, para ponerle las manos alrededor de su cuello.
 
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