El cuarto de Trócoli



Trócoli creía que su cuarto estaba lleno de hipopótamos. Sus amigos, por distintos caminos, intentaban hacerle entrar en razón.

-No puede haber hipopótamos en tu cuarto porque es muy chico- afirmaba Asdrúbal. Trócoli miraba, sin hablar. Asdrúbal prosiguió.

-Si hubiesen hipopótamos acá, cosa que ya te voy diciendo que no hay, tendríamos un problema matemático. Un problema de espacio. En el mejor de los casos, “hipopótamos” podría referirse a dos. Más de uno, seguro. Y mirá tu cuarto, Trócoli; sin ánimo de ofender, pero, es muy chiquito. Los hipopótamos no son objetos inanimados, son seres que se mueven, de modo que si hubiera, no hay, repito, pero si hubiera al menos dos hipopótamos, no habría espacio para que nosotros estemos acá, ni los muebles ni nada.

-Cuidado- interrumpió Balaguer- si bien estoy de acuerdo con tu idea y con tu intención, Asdrúbal, me gustaría dejar en claro algo. Si vos decís que no puede haber dos hipopótamos en el cuarto porque no daría el espacio, tal vez le dejes la equivocada impresión, acá al amigo Trócoli, de que puede haber un hipopótamo y no varios.

-Es cierto- se apresuró a decir Asdrúbal. Tampoco podría haber uno.

-Pero ¿cómo concluís eso?- intervino Joel- ; eso no se desprende de ningún modo de tu lógica. Porque espacio para un hipopótamo, si nos apretujamos un poco y acomodamos algún mueble, podría haber.

-Pero no hay hipopótamos- retrucó Asdrúbal.

-Exacto- dijo Joel- no hay ni uno solo. Yo nada más quería dejar en claro que esa conclusión que sacaste no se desprende de tu razonamiento en cuanto al espacio y a la movilidad de los, o del, hipopótamo.

-Sin embargo- intervino Balaguer- los hipopótamos que sabemos que no están aquí, bien podrían haber muerto y de ese modo haber perdido su movilidad. Incluso pudieron haber sido apilados uno sobre otro hasta llegar al techo.

-Pero eso no sucedió- dijo Asdrúbal.

-Pero eso no sucedió- repitió Balaguer.

-Por otra parte los hipopótamos pudieron haber sido mutilados, picados en pequeños trozos, tal vez transformados en alguna sustancia pastosa con la que se pudieron haber construido todos estos muebles que adornan el cuarto de Trócoli- comentó pensativo Joel.

-¿Todos?- dijo Balaguer.

-Sí. O, algunos, no sé. Igual era solo una idea de lo que podría haber pasado. Tenemos en claro que no pasó.

Trócoli miraba lo que sucedía, pensativo. Asdrúbal inspeccionaba los muebles con mucha atención.

-Pero estas dos últimas ideas- dijo Asdrúbal dándose vuelta súbitamente- requieren la actuación de una o más personas. Los hipopótamos no pueden haberse matado y apilado hasta llegar al techo por sí solos; y mucho menos pudieron haberse trozado y trasformado en una sustancia pastosa con la que se pudieran haber construido los muebles que vemos acá. Necesitaron ayuda.

- Pero no hay tales hipopótamos. Ni los hubo- sentenció Balaguer.

-Claro, claro. Yo decía en el caso hipotético de que los hubiera- repuso Asdrúbal.

-¿Y quién pudo haber matado a los hipopótamos, si es que hubiese habido alguno aquí, en algún momento?- preguntó Joel.

-¿Y por qué me mirás a mí?- intervino nervioso Balaguer.

-Yo no te miré- dijo Asdrúbal.

-No te hablaba a vos, le hablaba a él- dijo Balaguer, señalando a Joel.

-Ah, y yo te miré como podría haber mirado a cualquier cosa: a Asdrúbal, a un mueble, a la pared, a un hipopótamo, a un asesino de hipopótamos, yo que sé- dijo Joel, entrecerrando los ojos.

-No, no. Vos buscás acusarme. Lo siento- insistió Balaguer.

-Creo que te estás acusando solo-retrucó Joel.

- Por favor, muchachos, no sean así; acá nadie acusa a nadie, y nadie es un asesino de hipopótamos.

Trócoli, mientras tanto, mascaba algo de forma vehemente y miraba de reojo.

- Y si los muebles fueran, en efecto, de una sustancia proveniente de un hipopótamo, o de varios ¿no vendría esto de cualquier modo a contradecir la idea de que el cuarto está lleno de hipopótamos? Después de todo es solo una sustancia. Los hipopótamos no están más. Son muebles.- dijo Asdrúbal.

-Ni tampoco estuvieron- corrigió Joel.

-Pero eso no tenemos que demostrarlo; el tema era que Trócoli estaba convencido de que su cuarto está lleno de hipopótamos, no si alguna vez hubo alguno aquí- dijo Balaguer.

-No tenemos que demostrar nada. Lo hacemos solamente porque queremos. Queremos que Trócoli entre en razón- afirmó Joel, mirando al mencionado, de reojo.

Trócoli estaba revolcándose en el piso.

-Tu cuarto, además de chico, está muy sucio, Trócoli- comentó Balaguer.

-Sí, hasta parece que hubiera barro- agregó Asdrúbal.

-Tu cuarto es un pantano Trócoli, ponete las pilas- dijo Joel, entre risas.

Trócoli se había perdido de la vista de sus amigos ya. Estaba con medio cuerpo dentro del barro. Solo se veía su lomo.

5 comentarios:

  1. Emerre dijo...:

    Muy gueno. Levreriano.

  1. Seba dijo...:

    ¡Lindazo! Y concuerdo, Levreriano y un poco maslíahco...
    Me re gustó.

  1. Heisenberg dijo...:

    Por fin alguien escribe algo que vale la pena acá...

  1. Mirena dijo...:

    "Pero no hay tales hipopótamos, ni los hubo" Adoro tu uso de "tales". Quiero que lo sepas.
    Hermoso relato!!

  1. Jimena Pintos dijo...:

    Me gustó! No es levreriano... Le faltaría una obsesión por lo minucioso y un cierto humor para descontracturar... Que ni tiene ni necesita. Excelente cuento. (No dejes que los fans de Levrero te lean en clave levreriana).

 
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