Las Crónicas de Mieres (parte II )

 
 Por Diego García

De la primera época de Perón, mejor conocida como primer peronismo, pocos vestigios históricos quedan. La vieja transgresión Perón fue un período de inusual clima cálido durante el Holoceno. Se inició en el 5000 AC al 4900 AC, y duró aproximadamente hasta el 4100 AC (los diferentes índices climáticos en distintos lugares en el mundo indican ligeramente diferentes cronologías). La edad de Perón fue un periodo de condiciones meteorológicas clementes y agradables en general, que favoreció el crecimiento de plantas. En la dendrocronología del pino bristlecone, que se extiende hacia atrás de la era moderna hasta 6700 AC, el mejor año para el crecimiento del pino fue 4850 AC, a comienzos de la edad de Perón.
La edad de Perón fue una “transgresión” en el sentido de transgresión marina, un período de avance global del nivel del mar. Cuando las temperaturas cálidas obligaron a un retroceso en los glaciares y en las capas de hielo de la criosfera global, los niveles globales del mar fueron durante todo el período, 2,5 a 4 metros (8 a 13 pies) por encima de la media del siglo XX. El mayor nivel del mar se prolongó durante varios siglos y erosionó las costas. Varias ubicaciones en todo el mundo tienen “terrazas de la edad de Perón” a lo largo de sus costas como resultado.
La vieja transgresión Perón fue una de una serie de transgresiones marinas que disminuyeron gradualmente durante el Holoceno medio. Fue seguida por las transgresiones del Perón Joven, Abrolhos y Rottnest. Durante la transgresión Perón Joven (c. 4000-3400 AC), el nivel del mar alcanzó su punto máximo a los 3 metros sobre el nivel del siglo XX, durante la Abrolhos (c. 2600-2100 aC), de 1,5 metros, y durante la Rottnest (c. 1600 -1000 a. C.), 1 metro.
Al menos algunos estudiosos – antropólogos, folcloristas y otros – han vinculado la época de la transgresión de Perón y de la edad neolítica subpluvial con las historias de un “tiempo de la abundancia” (Edad de Oro; Jardín del Edén) que ocurren en los orígenes legendarios de muchas culturas“
Pero esta era llegaría a su fin, esto es un extracto denominado como "Las lamentaciones de Perón": "Con pesar en el espíritu, profiero los lamentos; lamentos amargos que llenan mi corazón. Cuán desolada está la tierra, sus gentes entregadas al Viento Maligno, sus establos abandonados, sus rediles vacíos. Cuán desoladas están las ciudades, sus gentes amontonadas como cadáveres yertos, afligidas por el Viento Maligno. Cuán desolados están los campos, marchita la vegetación, alcanzada por el Viento Maligno. Cuán desolados están los ríos, ya nada vive en ellos, aguas puras y centelleantes convertidas en veneno. De sus gentes de negra cabeza, Sumer está vacía, se ha ido toda vida; de sus vacas y sus ovejas, Sumer está vacía, callado quedó el murmullo de la leche batida. En esa tierra cayó la calamidad, una calamidad desconocida para el hombre. Una calamidad que la Humanidad nunca antes había visto, una calamidad que no se puede detener. En todas las tierras, desde el oeste hasta el este, se posó una mano de quebranto y de terror. ¡Los dioses, en sus ciudades, estaban tan indefensos como los hombres! ¡No sabíamos que un Viento Maligno seguiría al resplandor!, lloran ellos ahora en su angustia. ¿Quién podía predecir que la tormenta portadora de muerte, nacida en el oeste, tomaría su curso hacia el este?, se lamentan los dioses ahora. En sus ciudades sagradas, permanecieron los dioses, sin creer que el Viento Maligno tomaría su ruta hacia Sumer. Uno tras otro, los dioses huyeron de sus ciudades, sus templos abandonaron al viento. En mi ciudad, Eridú, no pude hacer nada por detener a la nube venenosa. ¡Huid a campo abierto!, di instrucciones a la gente; con Evita, mi esposa, la ciudad abandoné. En su ciudad, Nippur, lugar del Enlace Cielo-Tierra. Lo que sostenía la mano para lanzar proyectiles se trocó; armas de estruendo y resplandor incrementaron el terror. Una guerra, larga y feroz, devoró al planeta; hermano luchó contra hermano. Hubo muerte y destrucción, tanto en el norte como en el sur. Durante muchas vueltas, la desolación reinó en las tierras; toda vida fue diezmada. Después, se declaró una tregua; y más tarde se hizo la paz. Que las naciones se unan, se dijeron los emisarios entre sí: que haya un trono, un rey que reine sobre todos. Que haya un líder del norte o del sur elegido a suertes, un rey supremo ha de ser. Si fuera del norte, que el sur elija a una mujer para que sea su esposa, en igualdad como reina, para reinar juntos. Si por suertes fuera elegido un hombre del sur, que una mujer del norte sea su esposa. Que sean marido y mujer, para hacerse una sola carne." Perón asumió en su trono nuevamente, pero a cambio tendría que volverse mortal, condenado a morir y renacer de nuevo como Rey hasta completar 7 reinados sobre los hombres. Sus 3 primeros reinados fueron en mesopotamia, otros dos fueron en Egipto, adoptando el nombre de Akhenaton en el ultimo de ellos.
- Entonces - dijo el Amo en un susurro que resonó por toda la estancia circular -, los dioses de Egipto irrumpirán en el Río de la plata. Perón, el del cielo matinal, hará ruinas las iglesias cristianas, acabará con todas las guerras que se libran en estos instantes mediante la sola trascendencia de su poder, y los monstruos Set y Sebek devorarán a quienes osen resistirse!
El Amo Perón envió sirvientes a las ruinas de Memfis para que copiaran de una piedra oculta los jeroglíficos que formaban su auténtico nombre, y en ese lugar les aguardaba una gran sorpresa, pues habían visto una vez el nombre del Amo en la piedra, hacia siglos, y los caracteres que había tallados en la roca eran dos símbolos parecidos a una llama que ardía en un plato, seguidos luego por un búho y la cruz lobulada: Tchatcha-ení-Ankh, decían los signos, Fuerza en la Vida. Pero ahora en la vieja piedra se veían unos caracteres distintos; ahora leyeron tres signos que parecían cúpulas, un pájaro, un búho, un pie, otra vez el pájaro y luego un pez sobre una oruga. Khaibitu-em-Betu-Tuf, decían los signos, y su traducción era: Sombras de la Abominación.
Después de rechazar el papel de Perón, Caín fue marcado con otro encasillamiento. Desde entonces seguiría el modelo del dios primordial Anu (Lucifer), quien era padre de Perón al engendrarlo con la diosa madre ninhursag. En la mitología del Oriente Medio, Anu fue el primero en ser conocido como el "Padre de los Dioses." Sin embargo, según la epopeya hitita La Realeza en el Cielo, ganó esa posición después de destronar a un rival más favorecido llamado Mi-Eres, quien en realidad solo ascendió a lo que se llamaba "el plano de las aguas celestiales". Anu fue a su vez atacado y sufrió una herida crítica en sus órganos genitales. En el Libro de Génesis se nos dice que le costó esfuerzo decir "Grande es mi castigo para ser soportado." La traducción literal y gráfica de este versículo es "Mis genitales están demasiado mutilados como para que me excite sexualmente."
Cain, en un ataque de celos por el poder y prestigio de su hermano Perón, le asesina al tenderle una trampa en un bote que supuestamente era un obsequio. Lo cierto es que el bote se hunde y Perón, ya convertido en mortal, muere ahogado. No contento con esto, Cain corta el cuerpo de Perón en 15 pedazos y los esparce por el río Nilo. Eva, la esposa de Perón, junta, junto con la ayuda de sebek, el dios cocodrilo que habita en los ríos, todos los 15 pedazos a excepción de las manos. Al ver que no conseguía las manos, Evita usa su magia y crea nuevas manos a Perón a partir de dos figuras de madera. Sin embargo, estas nuevas manos no tienen el antiguo poder mágico de las otras, las cuales estuvieron perdidas durante milenios, hasta que alguien las encontró momificadas. Esta persona no fue nada menos que el conocido conquistador francés Napoleón Bonaparte, en su expedición a Egipto luego de derrotar a las tropas del imperio otomano y antes de su derrota naval frente a los ingleses. Sin embargo, desconociendo totalmente el origen y significado del objeto, Napoleón permite que sea entregado a uno de sus subalternos, y luego de eso pasaron al museo del budulak. En 1889, Luis Viglione, un uruguayo radicado en Buenos Aires, decide viajar a Europa y Cercano Oriente. Durante su estadía en El Cairo, capital de Egipto, el investigador compró dos momias en el museo de Budulak y junto con ellas vinieron las dos manos. Luis Viglione trajo las 3 piezas al Río de la Plata, una de las cuales fue entregada al Museo de la Plata en Argentina. La otra, en mejor estado de conservación y con su ajuar funerario completo, fue finalmente donada en 1890 al Museo Nacional de Historia Natural de nuestro país. Pero con respecto a las manos, estas, vistas como objetos con menor valor, son adquiridas por un joven de nombre Francisco Gonzalez, de origen humilde pero con un morboso interés por las manos. En 1904, se da cuenta del poder mágico de las manos, al pedirle un deseo, el cual consistía en tener su propia estancia. El deseo es conseguido de inmediato. Pero a un costo terrible, Francisco hereda la estancia de sus padres, pero porque estos murieron de una terrible plaga de fiebre amarilla. Entonces Francisco se da cuenta que cada deseo, de ser meramente para satisfacer una necesidad material, vendrá con una terrible maldición. Por eso guarda las manos y se olvida de ellas hasta mas de 3 décadas después, cuando su esposa, cansada de no poder tener hijos, presiona a francisco para que use las manos. Un hijo nace, pero para sorpresa, nace otro, gemelo. Sin embargo, el segundo gemelo es enfermizo desde pequeño, y por su fragilidad, muere en sus primeros años. El segundo gemelo, como ocurre muchas veces, no soporta la muerte del primero y entra en una depresión que se manifestaría somaticamente en un ataque cardiorespiratorio fatal. Francisco, furioso, decide quemar las manos, pero justo cuando decide hacerlo, se entera de que otro hijo nacería. Corre el año 1932. Para sorpresa de Francisco, este niño no sufrió ninguna desgracia, parecía que algo lo protegía de la maldición, y por ende Francisco, temiendo que la quema de las manos trajera la desgracia de nuevo, las regala a un amigo quien a pesar de las advertencias de Francisco, pide el tercer y ultimo deseo que quedaba en la mano.
Continuara.....

Las crónicas de Mieres (parte 1)


Por Diego García

Mieres, de la longeva raza rigeliana, era el cuarto de su estirpe que llevaba los archivos galácticos. Tenía en su poder el gran libro que contenía la lista de las numerosas razas de todas las galaxias que habían adquirido el don de la inteligencia, y el libro, mucho menor, en el que figuraban las que habían llegado a la madurez y poseían méritos para formar parte de la Federación Galáctica. En el primer libro habían tachado algunos nombres anotados con anterioridad: los de las razas que, por el motivo que fuere, habían fracasado. La mala fortuna, las deficiencias bioquímicas o biofísicas, la falta de adaptación social se cobraban su tributo. Sin embargo, en el libro pequeño nunca se había tenido que tachar ninguno de los nombres anotados.
En aquel momento, Mieres, enormemente corpulento e increíblemente anciano, levantó la vista al notar que se acercaba un mensajero.
-Mieres -saludó el mensajero-. ¡Gran Señor!
-Bueno, bueno, ¿qué hay? Menos ceremonias.
-Otro grupo de organismos ha llegado a la madurez.
-Estupendo, estupendo. Hoy en día ascienden muy aprisa. Apenas pasa año sin que llegue un grupo nuevo. ¿Quiénes son?
El mensajero dio el número clave de la galaxia y las coordenadas del mundo en cuestión.
-Ah, sí -dijo Mieres- lo conozco.
Y con buena letra cursiva anotó el dato en el primer libro, trasladando luego el nombre del planeta al segundo. Utilizaba, como de costumbre, el nombre bajo el cual era conocido el planeta por la fracción más numerosa de sus propios habitantes.
Escribió, pues: La Tierra.
-Estas criaturas nuevas -dijo luego- han establecido un récord. Ningún otro grupo ha pasado tan rápidamente de la inteligencia a la madurez. No será una equivocación, espero.
-De ningún modo, señor -respondió el mensajero.
-Han llegado al conocimiento de la energía termonuclear, ¿no es cierto?
-Sí, señor.
-Bien, ese es el requisito -Mieres soltó una risita-. Sus naves sondearán pronto el espacio y se pondrán en contacto con la Federación.
-En realidad, señor -dijo el mensajero con renuencia-, los observadores nos comunican que todavía no han penetrado en el espacio.
Mieres se quedó atónito.
-¿Ni poco ni mucho? ¿No tienen siquiera una estación espacial?
-Todavía no, señor.
-Pero si poseen la energía termonuclear, ¿dónde realizan las pruebas y las explosiones?
-En su propio planeta, señor.
Mieres se irguió en sus seis metros de estatura y tronó:
-¿En su propio planeta?
-Si, señor.
Con gesto pausado, Mieres sacó la pluma y tachó con una raya la última anotación en el libro pequeño. Era un hecho sin precedentes; pero es que Mieres era muy sabio y capaz de ver lo inevitable, como nadie, en la galaxia.
-¡Asnos estúpidos! -murmuró. Poco despues, su mensaje me fue enviado en la forma de este archivo.
Esto me fue revelado por el sacerdote que todos conocemos como la dualidad Peron-Mieres trismegisto, osea "el tres veces grande".
La historia comienza en la antigua mesopotamia. Enki Nudimmud (uno de sus epítetos más usados, algo así como "hacedor") es el dios de la sabiduría, señor de la construcción, las artes, el diseño y la creación. Es uno de los tres dioses más importantes (con Enlil y Anu) de la cultura mesopotámica, surgida en el valle del Tigris y el Éufrates.
Es el creador de la humanidad, según lo que se cuenta en la leyenda épica acadia de Atrahasis, únicamente con el propósito de liberar de su trabajo a los dioses, utilizó un homínido ya existente el cual manipuló de alguna manera para hacerlo capaz de entender y satisfacer las necesidades de los dioses.
Así fue como una raza superior, manipulada genéticamente, fue algo posible, esta raza fue la raza conocida posteriormente como los atlantes, mientras que el resto, hominidos, se fueron mezclando paulatinamente con esta raza, creando diferentes mixturas cada vez mas alejadas de la verdadera esencia divina.
Milenios atrás, los grandes dioses extraterrestres venidos del cinturón estelar de Orion, deciden abandonar la tierra debido a que encontraron nuevas formas de energía etéreas capaces de generar materia espontáneamente, haciendo innecesario el trabajo de los humanos.
Es así como se forma un gran grupo racial mas o menos puro, el cual emigra en tres direcciones diferentes, algunos siguen la ruta desde mesopotamia, pasando por Turquía, hasta llegar a la actual Germania, creando la raza alemana, que en realidad sufrió la mezcla racial por parte de grupos mongoloides, lo cual resulto en su peculiar tono de piel pálido que se acentúa gracias a cierta adaptación genética en los climas fríos. Otros se dirigen a Egipto y fundan su clase gobernante, cuyos mas notables esponentes espirituales fueron entre otros, Tutmosis III y el creador del monoteismo, Akhenaton. Sin embargo, otro grupo de esta raza, sigue una ruta mas larga y mantiene su pureza racial, estos grupos pasan de la mesopotamia y atraviesan el continente asiático. Siguen luego la ruta hasta llegar a Oceanía, y por vía marítima, es que se convierten en los primeros pobladores del continente Americano, antes de que grupos mongoloides llegaran desde el estrecho de Bering para dar lugar a la mayoría de las razas indígenas actuales. Estas razas mongoloides, usando su superioridad numérica, aniquilaron a gran parte de los arios de Oceanía, con excepción de los grupos pampidos, entre ellos la macro-étnica charrua, cuya espiritualidad que emana de la esencia de la raza de los dioses los volvió prácticamente inconquistables y depositarios del surgimiento de una nueva era. Sin embargo, los charruas, debido a su ubicación geográfica, carecían de minerales esenciales como el hierro, y al vivir en medio de la abundancia y la fertilidad de sus tierras, tuvieron poco incentivo para abandonar su estilo de cazadores recolectores.
De acuerdo a los estudios hechos a los últimos charruas a cargo de Paul Rivet, estos disponían de un cráneo notablemente braquiocefálico, diferente al cráneo del resto de indígenas que era con forma mas cónica. A su vez poseían de narices mas esbeltas, y una estatura y fisico formidables y atléticos, superiores a los de los europeos.
Fue un hombre, elegido por la providencia, quien decidió torcer las agujas del destino, este hombre, como todos sabemos, fue Gervasio Artigas, cuyo plan esotérico secreto fue la creación de un espacio en que a la nueva raza pudiera otorgarseles las herramientas intelectuales y el espacio vital de tierras necesario para su expansión. Este espacio vital, como también conocemos, se trata de la Liga Federal, un lugar que debía ser conquistado en orden de contrarrestar la influencia de Buenos Aires y Brasil, ya en ese entonces controlados por la judeo-masonería encabezada por los adoradores eternos de Baphomet, la francmasonería con sede en Philadelphia.
Artigas nunca llego a aplicar el concepto que hoy se entiende como democracia representativa, esto se trata de una invencion de las élites para esclavizar a la humanidad. La democracia artiguista era directa, no requería de partidos políticos, emanaba de la espiritualidad de un pueblo elegido que no quería ser esclavizado por unas divisas de demagogos y pedantes terratenientes o doctores.
Sin embargo, el destino quería que Artigas fuese derrotado, y poco después, se declara un estado títere, Uruguay, cuyo máximo conspiradores, Fructuoso Rivera, en alianza con oligarcas argentinos, terminan aniquilando la macro-etnia charrua.
Sin embargo, como en la segunda parte de las crónicas veremos, esto no fue el fin...

 

Lev Názgul - La Gran Restauración



La Gran Restauración
Manifiesto ideológico[1]


Introducción del editor: el presente texto fue editado originalmente en la revista de poesía vaginista y folklórica “Del interior”, en Buenos Aires, en el año 1929 y recogido luego en uno de los tres tomos de Perón y con Herrera, obra que alternara entre el ensayo y la poesía nacionalista. Si bien en él Názgul utiliza un lenguaje preferentemente académico y agrega algunas notas eruditas, la estructura y la función del texto nos indican que se trata no tanto de un ensayo como de un manifiesto ideológico. Era común en su época que los escritores resumieran sus ideas estéticas o políticas en una serie de preceptos enumerados y presentados de manera enfática; en ese sentido Lev Názgul no escapa a la norma de los escritores vanguardistas de su generación, que imitando a sus pares europeos, utilizaron el manifiesto no solo como un texto de difusión sino de aplicación de las estrategias discursivas implicadas en las propuestas estéticas o políticas que precisamente se proponían difundir. Sin embargo, “La Gran Restauración” tiene algunas virtudes propias que lo hacen diferente: la profundidad filosófica con la que aborda los problemas políticos, el interés que rebasa lo meramente panfletario y se instala en los problemas concretos de la filosofía de la historia, y la innovadora concepción del tiempo íntimamente ligada a la estructura misma del trabajo, así como su lenguaje, como dijimos, decididamente académico; todo lo cual ubica a Lev Názgul como una figura extraña y paradójica, profundamente moderna y conservadora al mismo tiempo, nacionalista e hispanista en la condición de emigrado polaco, hija del progreso cosmopolita y tributaria de un conservadurismo profundo y delicado. Lev Názgul padre del Revisionismo Histórico. Finalmente, y sin escapar a las implicaciones historiográficas del texto, “La Gran Restauración” no ha dejado nunca de tener vigencia, de estar presente desde las sombras en un debate que pareciese no terminar nunca.

Francisco Hertten



La Gran Restauración

A Ignacio Pérez Borgarelli
monumento de los historiadores autodidactas


Visto:

a) Que la identidad de los pueblos no es un problema menor y que la filosofía, el arte y la política deben tenerlo como una de sus cuestiones centrales; y que el problema de la identidad colectiva debe entenderse en el marco de la relación entre lo particular y lo general, como una relación no excluyente sino más bien compleja, siendo que solo en el seno de lo occidental puede darse una imagen acabada de lo argentino y lo rioplatense;

b) que para entender el problema de lo que somos es necesario abandonar toda forma de historia evolucionista o wight (liberal), que pretende interpretar la historia de modo progresivo y progresista, entendiendo el pasado como una lucha entre la ignorancia y los vestigios del conocimiento, que tautológicamente, son entendidos como pasos previos, señales anacrónicas hacia lo que hoy somos;

c) que el modelo historiográfico wight no es un fenómeno aislado ni casual sino que precisamente debe ser enmarcado históricamente en un momento de decadencia de Occidente, momento signado por la independencia masónica de las ciencias (mediante la organización de los científicos en logias que desafían el poder eclesiástico), el cual abre paso a un proceso irrefrenable de decadencia materialista y atea, proceso del cual se desprende primero la ilusión de un cierto progreso material (desconociendo las epistemes propiamente medievales) y luego la idea misma del progreso como utopía social globalizadora, idea típicamente materialista y de la cual nace finalmente el modelo historiográfico en cuestión;

d) que la concepción histórica a emplear debe invertir no solo el evolucionismo liberal sino también la noción de tiempo hacia adelante, matriz de toda concepción evolucionista y decadente; y que por el contrario debe adoptarse un modelo de filosofía de la historia que permita explicar y revertir la decadencia, siendo este modelo el dialéctico invertido; una versión del hegelianismo que no procura desatar la historia sino envolverla, enrollarla como a una serpentina en sucesivos pasos dialécticos-históricos[i].


Considerando:

a) la necesidad de restituir la esencia de la identidad perdida en el proceso de decadencia antes mencionado, entendiendo esa esencia como la relación cultural y política de lo argentino consigo mismo, con lo rioplatense, con lo americano, lo hispánico y lo occidental;

b) que no se trata de un mero interés intelectual; que el ser nacional está íntimamente relacionado con el reconocimiento; y que dicho reconocimiento se logra por el pensamiento y la fuerza del hombre, no por otros medios;


Teniendo en cuenta:

a) Que la Gran Restauración solo podrá llevarse a cabo mediante previa detención del tiempo por tiempo indeterminado, medida sin la cual todo avance dialéctico estará en continua amenaza;


Se decide:

1. Devolver del más infame de los exilios al Generalísimo Juan Domingo Perón, quien perdiera sus poderes de Presidente de la Nación en el año 1955 y tuviera que huir primero al Paraguay (como lo hiciera otro ilustre antiimperialista, Don José Gervasio Artigas) y luego a España perseguido por sus más viles detractores: los comunistas, los judíos y los oligarcas. Una vez vuelto a su Patria se le reintegrará en su cargo y se le devolverá la banda presidencial previo homenaje público masivo realizado al aire libre. En el caso de ser necesario se abolirá la muerte por el tiempo que se estime conveniente y se declarará como acto nulo el morir, en tanto acto políticamente subversivo y antipatriótico. Perón gobierna, vive entre nosotros.

En este sentido se hace necesario aclarar de una vez y para siempre la relación natural y adecuada entre las ciencias “naturales” y el interés nacional y cultural de un pueblo. Desde el Renacimiento Occidente ha visto a grupos liberales y ateos como la masonería divulgar la idea de que la ciencia natural está ligada entre otras cosas a cierta autonomía del conocimiento. Es así que hoy en día tenemos una física, una biología, una química autónomas, independientes de las consideraciones políticas, filosóficas y religiosas de un pueblo. El resultado indeseable y decadente es el de una ciencia natural atea, materialista, al fin y al cabo nihilista. No podemos permitirnos estas libertades, estas degradaciones en nombre del conocimiento, este solapamiento político masón en nombre de la objetividad y del método. Que las ciencias naturales vuelvan a su sitio y si se hace necesario dejar de considerar a la muerte como fenómeno, que así sea, pues no todo puede ni debe reducirse a la mera observación empírica.


2. Restituir la Confederación Argentina, iniciada en el Pacto Federal del 4 de enero de 1831. Se hace necesario abandonar el modelo centralista unitario y burgués bonaerense por otro que reconozca no solo las autonomías y los liderazgos provinciales, sino fundamentalmente el arraigo cultural y religioso de la Patria. El carácter cosmopolita y mercantil de Buenos Aires (que como toda ciudad posterior al siglo XVII presenta los rasgos humanos morales y metafísicos más degradantes) se han erigido al frente del País de manera egoísta, mirando ante todo las modas liberales individualistas importadas, siempre de espalda a la realidad del gaucho, del indio, del paisano rioplatense, contemplados por el modelo caudillista tradicional. Con la Confederación Argentina daremos muerte al imperialismo inglés y su invento de los derechos individuales, revirtiendo así el devenir constitucional decadente de la Nación; daremos muerte a los cajetillas que viven de vender la Patria, a los que no reconocen las tradiciones, a los que se han olvidado del nombre de Dios y han puesto su alma al servicio de vaya a saber qué doctrinas. Una vez la Confederación esté en pie, se hace imperioso que Perón, Generalísimo y Gobernador de Buenos Aires[ii] forme una milicia que defienda de a pie al gobierno establecido, interviniendo sindicatos y gremios estudiantiles o copando con sus motos la ciudad si el deber patriótico así lo requiere. ¡Por Córdoba, por Corrientes, el General Gobernador Perón ya se siente!

En este punto es necesario refutar dos inventos nefastos de la masonería: el sujeto y sus derechos individuales. Durante siglos hemos visto como en nombre del interés particular de los sujetos no solo se ha menospreciado el interés colectivo, sino que se ha reducido vilmente el ser la Nación al ser atomista de cada uno de los sujetos que la integra. La Santa Confederación Argentina se propone restituir el interés colectivo del Pueblo Argentino, Pueblo Cristiano y Occidental, tanto en lo religioso como en lo estético y lo moral. Un pueblo que no reconoce y respeta sus tradiciones es un pueblo nihilista, un pueblo decadente[iii].

Finalmente, se hace necesario acotar que la República Federal es entendida como un paso dialéctico transitorio hacia la Restauración Suprema. Debemos comprender hermenéuticamente que el propósito del Federalismo sudamericano no es la ruptura con España, sino la reivindicación de los valores culturales que nos unen irremisiblemente a lo hispánico. Por un prejuicio propiamente liberal se ha entendido a la historia de manera lineal, evolutiva; yo propongo que los hechos, los movimientos, se entiendan como causas de cosas anteriores a ellos; la República Federal es una causa de la América como Reyno Español, y más allá en el tiempo, del propio Imperio Español.


3. Declarar como nula la secesión de la Provincia Oriental del resto de las Provincias Unidas del Río de la Plata, que con anterioridad han formado la Confederación Argentina. Se declara nula la Conferencia Preliminar de Paz celebrada en el Imperio del Brasil en el año 1828, por tratarse de un acuerdo que atenta contra el interés nacional, llevado a cabo por el imperialismo inglés y los cajetillas vendepatrias tanto de la Provincia Oriental como del centralismo porteño. Asimismo se restituyen las tres leyes declaradas en la Piedra Alta el 25 de Agosto de 1825 (previa depuración de las lecturas masónicas de Blanes y el OPR33 de lo que fue la Cruzada Libertadora): i) Ley de Independencia respecto al Imperio del Brasil; ii) Ley de Unión a la Provincias Unidas del Río de la Plata; iii) Ley de Pabellón, que establece como bandera de la Provincia los colores celeste, blanco y punzó. Desconociendo así la falsa independencia del mal llamado Estado Uruguayo se restituye la unidad al territorio que en este momento se considerará como la Confederación Argentina.

De este modo se cumple con los verdaderos designios del caudillo José Gervasio Artigas, quien no es un secesionista, ni un republicano librecambista admirador de de las revoluciones liberales de EE.UU. o Francia, sino un caudillo hispánico típicamente colonial formado en los Blandengues, quien ante el desbarajuste ocurrido por la caída de Fernando VII a manos de los franceses y las intenciones secesionistas y liberales bonaerenses, se propuso representar el espíritu del campo de la Banda Oriental. José Artigas, al igual que lo haría Aparicio Saravia, defendió a los que menos tenían sin introducir las falsas ideas de movilidad social e  igualdad entre las razas, sin cuestionar el modelo colonial matriz de los tipos humanos más diversos: el indio, el negro, el gaucho. José Artigas supo oler la decadencia borbónica de Fernando VII, repeliéndola mediante el uso genuino de los fueros que el Derecho Monárquico le daba a los Reynos Americanos. José Artigas es la oposición genuina que presenta el pueblo (remanso de la tradición y el Amor de la Monarquía) hispánico oriental tanto a la decadencia borbónica infiltrada por la burguesía (cuyo punto cúlmine está dado por la Coronación de Pepe Botella) como a los intereses oportunistas de la masonería judeohomosexualista inglesa afincada de manera vil tanto en España como en el Río de la Plata. José Artigas es otro signo, otra huella a revertir[iv].


4) Declarar nula la independencia de las Indias Occidentales y demás Reynos Españoles de ultramar, proceso empezado en 1808 en el marco de las guerras napoleónicas, desarrollado hasta principios de la década de 1830 y culminado en 1898 con la pérdida de Cuba y Puerto Rico. Se reclamarán además los territorios españoles americanos pertenecientes al periodo de los Reynos de las Indias Occidentales que fueran, o bien vendidos ilegítimamente a otras potencias europeas (o a sus colonias independizadas de manera igualmente ilegítima), o bien rapiñados mediante uso de la fuerza a cualquiera de los mal llamados estados nacionales americanos, como es el caso del robo perpetuado por los Estados Unidos a México en 1848 o la ocupación británica de las Islas Malvinas. Finalmente se dará la reunificación de los diferentes territorios bajo el modelo de los virreinatos y en plena vigencia de las leyes y normativas políticas y económicas del Imperio, como lo son el esclavismo, el régimen de encomiendas y la economía mercantilista, sistema que protege a la industria nacional y evita el indeseable contacto cultural con las potencias liberales. El Ser Nacional solo puede entenderse en el marco del Ser Americano, pues la independencia de los diferentes territorios, tanto de España, como unos de otros, fue el producto de la injerencia extranjera y de la conspiración judeohomosexualmasona internacional. La Nación vive en el Imperio Español, en cuyo corazón cobra verdadero significado. ¡Vivan Perón Virrey y Artigas Gobernador[v] de la Provincia Oriental! ¡Viva Maradona el antiimperialista!

El proceso independentista solo puede entenderse en el seno mismo del Imperio Español, como una radicalización en la tensión entre la Corona y sus súbditos, los colonos, los criollos latinoamericanos. Esta tensión es constituyente del gobierno hispánico y del Ser Americano, entendiendo el rol de límite marino y frente al paganismo africano que cumple España (cuyo lema es Plus Ultra) en Occidente y el rol de frontera que le está destinado a América dentro del Imperio Español y su proyecto civilizador[vi], el cual conlleva al menos dos grandes consecuencias: i) La diferencia de intereses entre quienes están en la frontera y la Corona que gobierna desde España; ii) La formación de una sociedad pluriracial, en la cual el modo de vida particular y la esencia misma de frontera facilitan la convivencia de diferentes razas, las cuales en su pureza (y sin una mezcla deliberada) contribuyen a construir la riqueza cultural y fisiológica que caracterizó al proyecto cristiano español. En este sentido la tensión establecida entre godos y criollos no es contingente sino necesaria para la existencia del Imperio Español, mientras que el carácter pluriracial de América no solo constituye una característica de la mal llamada Colonia, sino que es su esencia. A pesar de «la insistencia en la leyenda negra que ha oscurecido exitosamente la aventura más admirable emprendida por hombre o Reino alguno en nombre de la Fe[vii]» no ha habido régimen mejor que el de las Indias para negros, indígenas, mestizos, llaneros y gauchos, los cuales fueron puestos en la fe del Señor, integrados a un sistema político moderno (en el buen sentido de la palabra), reconocidos por sus características y respetados en la medida en que ello fue posible. Para comparar el trato que se le dio a estas razas basta ver lo que ocurre ni bien se crean los Estados Nacionales: en la Banda Oriental los indígenas son perseguidos y prácticamente exterminados por Rivera; en Argentina bajo el nombre de la civilización Sarmiento persigue a los gauchos y desplaza definitivamente a los indígenas del Sur de Buenos Aires, construyendo un imaginario nacional (civilización vs. barbarie) ligado a los intereses económicos culturales franceses y británicos, que excluye y margina lo propio.

Es por ello que la restitución de los Reynos Americanos de España permite una conciliación en la tensión de las diferencias raciales, dando legitimidad ontológica a dicha tensión y reconociendo con justicia los diferentes roles sociales que le son propios a cada raza. Las relaciones políticas internas y con la Corona y la Iglesia pueden considerarse en una especie de órbita, un movimiento que va y viene y puede identificarse en los diferentes levantamientos preindependentistas (levantamientos de los comuneros en Paraguay, las relaciones entre Jesuitas y la Corona, levantamientos indígenas en Chile y Perú, etc.), una órbita perfectamente demarcada por el sentimiento americano de los levantados en armas y su nunca cuestionada pertenencia política y cultural a España. Siguiendo la analogía, el momento de debilidad de la Corona Española durante las Guerras Napoleónicas (en las que hay que acusar el afrancesamiento generalizado de la metrópoli así como la formación de cuadros militares masones liberales y entreguistas en los cuarteles de la península, de los cuales surgirán algunos de los más viles independentistas como San Martín o los más infames militares españoles como Riego) facilita la injerencia inglesa y la formación de la conspiración masonicajudeohomosexual que sacará de manera vil y encubierta a la relación política americana de esa órbita tan claramente delimitable hasta entonces. Es Deber Nacional restaurar esa órbita, poner el mundo colonial con sus complejidades y riquezas otra vez a girar.

La independencia de los territorios latinoamericanos se relaciona además con tres principios errados de la modernidad: el sujeto como entidad fundacional (y las correspondientes libertades individuales entendidas como límite político, como límite para lo colectivo), el gobierno republicano y la libre determinación de los pueblos. Del sujeto ya he hablado antes; es una reducción atomista, un desconocimiento de lo colectivo (la Nación, la religión cristiana) impuesto por aquellos que buscan la destrucción del mundo occidental cristiano: los judíos, los masones, los homosexualistas y los comunistas. Al igual que los otros dos principios, esta concepción del sujeto se funda en la soberbia y el desconocimiento de Dios como guía Todopoderoso. En cuanto a la República, se trata de un modo pagano de gobierno que contraría las instituciones dadas naturalmente por Dios al hombre, las cuales presentan por naturaleza cierta humana simetría con el Reino de los Cielos, que como su nombre muy claramente lo indica es una Monarquía. La República y la democracia borran de manera falaz las diferencias entre los individuos, igualándolos falsamente y sin respeto de sus jerarquías y roles sociales, lo cual no solo es perjudicial para la colectividad sino también para los propios individuos a quienes se les hace creer que pueden ser más de lo que son, y a los cuales se los desvaloriza en tanto lo que efectivamente son. El modelo monárquico reconoce y valora a cada persona por más ínfima que sea su tarea y su existencia en el mundo: valora al esclavo, valora al caudillo regional, valora al sacerdote de pueblo y al indígena que trabaja dignamente en una mina. Finalmente, la libre determinación de los pueblos es una extrapolación impropia del concepto de sujeto a un colectivo llamado pueblo; así como se nos hizo imaginar un sujeto autónomo y con capacidad de autodeterminación que es la entidad primaria, los extranjeros nos hicieron creer que los pueblos podían ser autónomos, desconociendo su esencia natural y el amor paternal del Imperio al que pertenecían (amor traducido en los fueros regionales, los que fueran utilizados como excusa para la traición por viles independentistas como los de la Junta de Mayo). Estos principios ligados a las revoluciones liberales de los siglos XVIII y XIX tienen como sustento el odio, la negación del amor paternal y la soberbia. Este odio fue formulado por Kant[viii] el pietista en su concepción del conocimiento (y también de la ética), en la que presentaba la idea de que el hombre hasta entonces había vivido bajo una minoría de edad de la cual debía emanciparse, buscando por sí mismo, y a través de la razón, la verdad, como si el hombre pudiera o necesitara vivir sin tutela…

5) Comenzar la restitución dinástica y espiritual del Imperio Español, también llamado Monarquía Universal Española, mediante la anulación de la Pragmática Sanción promulgada por Fernando VII en 1830 y aprobada con anterioridad por las Cortes en 1789. Esta infame sanción es la que impidió que Carlos María Isidro de Borbón heredara legítimamente el trono en 1833, tras la muerte de Fernando VII, dando lugar así a la regencia de María Cristina de Borbón y a la posterior asunción de Isabel II, las cuales fueron títeres de la burguesía afrancesada, liberal, homosexualista y masona que por ese entonces se apoderaba del Imperio. Con esta anulación no solo se restauraría la línea de sucesión legítima sino que también se reconocería a la tradición y a los principios naturales (representados claramente en la Ley Sálica) como fuentes primordiales del derecho. Asimismo, al restituir la rama carlista como heredera al trono, se restituyen en la Corona las pretensiones absolutistas, imperialistas (y al mismo tiempo antimperialistas) y anacrónicas que este texto tanto persigue. Por el momento (en sentido dialéctico), declaramos como Rey de España a Sixto de Borbón, Sixto I, heredero de sangre y de espíritu de la tradición carlista.

El Carlismo es un ejemplo de conciencia histórica de la decadencia y voluntad para modificarla. La sucesión de la Ilustración, la revolución industrial y el afrancesamiento liberal de España configuran una cadena de hechos que algunos han entendido como progreso, progreso que como se dijo parte de una perspectiva materialista. Los siglos que van del XVII hasta hoy nos han traído el alejamiento de Dios y el arreglo de las instituciones conforme a ese materialismo detestable, configurando un estado laico en el que nuestros hijos están privados de aprender y profesar la Verdadera Religión. El carlismo fue en el siglo XIX un mojón, un intento de restauración; como Artigas, se trata de un signo a retomar, a resignificar, una piedra en el camino que nos permitirá volver hacia atrás, atravesar de una vez y para siempre el río turbulento de los tiempos[ix].

6) Declarar ilegítima la usurpación de la Corona Española por parte de la Casa Borbón, a excepción de su línea carlista, usurpación que tiene su origen en la ascensión de Felipe V como Rey de España a principios del siglo XVIII. La responsabilidad de esta usurpación recae en Carlos II, a quien llamaban El hechizado, por sus conocidos gustos homosexuales y sus taras cromosómicas derivadas no del cruce interfamiliar (como las malas lenguas se empeñan en señalar) sino obviamente de la práctica continuada del onanismo. Por ello se anula la muerte de Carlos II, se lo encomienda rece para curarse en todo sentido y no se le deja descansar hasta no bien nos de una hija mujer. Obtenida la Infanta, se hace preciso esperar hasta que alcance los trece. Se la cruza con Sixto, hasta entonces Rey de España por línea carlista. De este modo nacerá un nuevo Infante, Habsburgo y Carlista, esplendoroso y restituyente a un mismo tiempo. Del hijo, nuevo Principe, no diremos hasta que tenga sus trece, edad a la que, si no se le cruzan los genes de su abuelo, se acostará con su madre, la que dará a luz a Carlos IX, El Restaurador , legítimo Rey de España, 66% Habsburgo, 33% Carlista. Con el Restaurador entre nosotros volveremos al esplendor de España y de todo Occidente, reclamando ya de paso los territorios de Europa perdidos en la repartija de la sucesión, además de Gibraltar.

Esta declaración apunta a señalar la invalidez del proceso de sucesión de la corona ocurrido a finales del reinado de Carlos II, último rey Habsburgo, que llevó a la coronación de Felipe V el 16 de noviembre de 1700 como Rey de España. Dicho proceso se inicia por la ausencia de un heredero directo de la Corona y por la muerte de José Fernando de Baviera heredero acordado entre las monarquías española y francesa y la designación de Felipe, nieto a un mismo tiempo de Luis XIV de Francia y de Carlos II, como sucesor. Como es sabido, la ascensión de Felipe desembocó en una guerra civil en la que incidieron de manera determinante los intereses austríacos, británicos y franceses, logrando el desmembramiento del Imperio más poderoso del mundo. Denunciamos entonces que la llegada de los Borbón a España es un profundo signo de decadencia; marca el fin del Gran Imperio y augura el infiltramiento del homosexualismo francés en las cortes españolas.

7) Proceder a la Gran Restauración del Imperio Español tal como llegó a ser en el siglo XVI, en tiempos de Carlos I y Felipe II.

i) Decretando la expulsión de la península y Reynos Americanos de aquellos que no acepten la fe cristiana y el credo monárquico como supremas verdades. A saber: judíos, musulmanes, reformistas, brujos, ateos, científicos materialistas, homosexuales no arrepentidos y homosexualistas, lesbianas y feministas, republicanos masones y sus derivaciones poco deseables (comunistas, anarquistas) y paganos en general. Se pondrá a resguardo el bien colectivo alcanzado con tanto tesón dialéctico.

ii) Manifestando rechazo y no aceptación de los cultos reformistas. Se declarará la guerra a aquellos reinos que hayan aceptado la Reforma o la doctrina de la tolerancia religiosa y se iniciará una Cruzada Papista para la Recuperación de la verdadera fe en Europa y todo Occidente.

iii) Reclamando los territorios pertenecientes al Imperio Español, incluyendo aquellos que fueran conquistados con posterioridad al siglo XVI. La lista de territorios que gobernará Calos IX, El Restaurador, incluyendo los ya poseídos son: América del Sur, exceptuando las posesiones portuguesas respetadas según el Tratado de Tordesillas firmado el 7 de junio de 1494 y no según las Bulas Pontificias del Papa Alejandro VI, demostrando así la grandeza de España y del Regente; el Caribe, México y la Florida (incluyendo los territorios usurpados por los EE.UU.), Flandes, los Países Bajos, Luxemburgo, el Franco Condado, Nápoles, Sicilia, Cerdeña, Austria, el Tirol italiano, Orán, Melilla, Sahara Occidental, Guinea Ecuatorial y demás posesiones africanas, Filipinas, Camboya, Brunei, Taiwán y demás posesiones asiáticas.

Finalmente se reclama también el reino de Portugal así como sus diferentes colonias en África, Asia y América del Sur (entiéndase Brasil).

iv) Procediendo a la reunificación del territorio español, respetándose las casas reales y los fueros correspondientes a cada reino, según lo consignado por los Reinos de Aragón y Castilla a partir de la figura de los Reyes Católicos en 1479. Se acaba con el independentismo y anarquismo dominantes en España actualmente.

v) Realizando la unificación de las lenguas habladas en el Imperio en el castellano consignado por Nebrija en La Gramática Castellana de 1492. Se distingue así de un modo claro la lengua nacional de los diferentes dialectos europeos (toscano, provenzal, gallego, vasco, etcétera) y americanos (guaraní, quechua, entre otros), así como de los usos regionales, valiosos y respetados en tanto usos folklóricos y populares, pero de ningún modo considerados para el habla oficial y académica del Imperio.

vi) Restableciendo a la Sagrada Inquisición como tribunal legítimo y valiosísimo para la protección de la Fe Cristiana en Occidente. No solo se juzgarán casos presentes y futuros sino que de ser necesario se juzgarán casos pasados, previa anulación de la muerte del acusado.

vii) Restituyendo la figura femenina, rescatándola de la degradación a la que he sido condenada por la modernidad, hasta llegar al triste presente en el que vivimos. Partimos de que la igualdad entre el hombre y mujer no solo es antinatural sino que además es injusta y atenta contra la propia mujer. En primer lugar, es antinatural porque contradice los deseos de Dios, quien creó al hombre y a la mujer diferentes y en un orden que claramente marca las diferencias jerárquicas, cognitivas y morales entre uno y otro (basta recordar el episodio del fruto del conocimiento); en segundo lugar, consideramos que dicha igualdad va en detrimento de la mujer pues no reconoce las cualidades morales y físicas que le son propias y la hacen diferente, sino que por el contrario se propone que la mujer imite al hombre, lo cual es naturalmente imposible y concluye en frustración y odio hacia su hermano y compañero, el varón. No debemos olvidar que Jesús nació de una mujer, y que no solo el proyecto católico sino la vida misma no se podrían llevar a cabo sin la mujer.

viii) Restableciendo el modelo socioeconómico del Imperio. A saber: el sistema esclavista y el de encomiendas para los indígenas americanos. Se toman en cuenta no solo el valor de dichos sistemas para la economía del Imperio, sino también su carácter intrínsecamente justo en tanto integran a los diferentes componentes raciales americanos en un sistema de desempleo cero y les dan un rol específico dentro del Imperio[x]. También se restablece el modelo llamado mercantilista, consistente en el comercio centralizado en España y la intervención del Estado en la economía. Se desmontará el libre comercio extranjerizante, se hará un control más rígido del contrabando y restauración de la Armada Invencible mediante se procederá al hundimiento de todos aquellos barcos ingleses, holandeses y franceses que intenten el comercio ilegal con América.

La Restauración del Imperio Español es la Restauración misma de los valores occidentales. España es y será el garante del cristianismo y de la organización política adecuada a los fines divinos. Solo gracias a España puede culminarse la empresa civilizadora, la misión católica por excelencia. La Restauración del Imperio Español es la restauración de las instituciones, de los valores morales, el fin de una decadencia espiritual que lleva al menos trescientos años, la muerte del internacionalismo liberal y comunista y el regreso de los rioplatenses y americanos todos al Ser Nacional que por naturaleza nos pertenece.

8) Restituido el Imperio será posible volver en el tiempo hacia el proyecto de la Civilización de la Cristiandad (mal llamado Medioevo)[xi] con la finalidad de realizar la Toma de Tierra Santa. Si bien en el pasado se intentó en vano esta empresa bajo el nombre de Cruzada, entonces no se contaba con el esplendor y el acabamiento espiritual y material del Imperio Español, garante por antonomasia de la cristiandad toda. De este modo podrá completarse la misión civilizadora y evangélica católica, que España supiera siempre representar de manera más fiel que el propio Papa. Para ello, el Imperio encabezará una nueva alianza con los Reinos Cristianos de Europa y con los reinos paganos de Cipango y el Gran Kahn la cual permitirá la toma de Jerusalén y Constantinopla, ciudad a la que, de paso, no se le reconoce ni el culto musulmán ni el ortodoxo, por surgir este último de una escisión no legítima de la Verdadera Religión. La Conquista de Tierra Santa se impone como una necesidad, como una una obligación histórica para todo aquel cristiano de corazón; recuperar los lugares Santos en los que Cristo Rey vivió y murió por nosotros es un deber; liberarlos del sionismo y de los paganos musulmanes, una misión que no hemos olvidado.

La Conquista de Tierra Santa se fundamenta también en el principio de Mutua Pertenencia[xii]; así como España perteneció durante el mal llamado Medioevo al Califato de Córdoba, el cual era parte integrante del mundo musulmán, el Califato de Córdoba y (por extensión) el mundo musulmán todo, pertenecía también a España. Es así que reinterpretando la Reconquista culminada en 1492, se puede considerar legítima desde el punto de vista del Derecho (y no solo de la religión) la toma de Tierra Santa así como del Norte de Africa, Persia y los Reinos Musulmanes cercanos a las Indias Orientales. La Reconquista se entiende entonces como un proceso de reunificación de los territorios españoles, tanto política (unión de los Reynos de Castilla y Aragón) como religiosa (fe católica), que no solo comprende a la península ibérica, sino también al mundo musulmán. Finalmente, queda claro que el principio de Mutua Pertenencia puede aplicarse también a la relación América-España, restablecida en su legitimidad algunos pasos atrás.

9) Una vez purgados los agentes de la decadencia y la pudrición se habilita nuevamente el pasaje del tiempo, siempre y cuando El Restaurador no haya salido infértil y haya dejado descendencia, en cuyo caso contrario habría que retrasar la  medida y pedirle a su padre que le hiciera con su abuela un hermano también llamado Carlos que pudiera heredar el trono tras su muerte. Finalmente, se restituye la Orden Templaria, la cual será formada en la Teoría Física del Aio, conocimiento que le permitirá realizar una guardia celosa del tiempo y de los procesos relativos al devenir de acá a la eternidad[xiii].


Lev Názgul
Misiones, 1928






[1] Notas de edición: Francisco Hertten.


[i] Se parte de la necesidad de superar la historia progresista, como bien señala el Maestro Ignacio Pérez Borgarelli, aunque se opta por un modelo de historia innovador y más seguro para la Restitución que el planteado por este: la historia cíclica. «Claro, es que ya se ha revertido la tesis o la creencia historicista, de la historia como linealidad. La historia, ya desde Spengler, pasando por Toynbee, y varios otros, se considera como cíclica» (Lev Názgul. Mis conversas de Facebook con Pérez Borgarelli. Editorial la Boleadora. Montevideo: 1923) (Nota del autor).

[ii] Parecería presentarse un problema: considerar a Rosas o considerar a Perón como el Restituyente Rioplatense. Si vemos la obra de Názgul sabemos que no existe tal oposición: como lo señala en la tesis 1 de las “7 leyes metafísicas sobre Perón” (en proceso de edición, 1926) «Rosas antiimperialista, Rosas metiéndose con los franceses e italianos y violando los derechos individuales en nombre de esa lucha frente a los extranjeros ya era peronista, ya era Perón». Perón es un concepto ahistórico del que la persona “Perón” participa, manteniendo una relación única que de ninguna manera permite la reducción del concepto a dicha persona (Nota del editor).

[iii] Consultado sobre su posición ideológica, el Maestro Pérez Borgarelli responde con su particular sabiduría y uso de los tildes: «(…) Digamos que soy anti-liberal en todos los sentidos. Pero mi idea de la libertad, es colectiva, no es individual. Por eso, para mí fueron buenas las dictaduras como las de Velasco Alvarado en Perú, que abogaban por una libertad colectiva, y se cagaban en la libertad individual. Pero más allá de eso, casos como los de Velasco Alvarado en Perú, o Perón en la Argentina, no fueron emulaciones de las dictaduras europeas, sino que, buscaron una ideología nueva, eliminar los conceptos abstractos de la dicotomía derecha - izquierda, que nos vienen de Europa» (Lev Názgul. Mis conversas…). (Nota del autor).

[iv] Como se señaló en la introducción Lev Názgul es considerado el Padre del revisionismo histórico. Curiosamente se anticipa (aunque este término sea de compleja aplicación dada su filosofía de la historia) al revisionismo clásico y plantea una lectura hispanista de Artigas, que aleja al caudillo del mito nacional uruguayo y lo pone en la línea de una concepción federalista tradicionalista, recuperándolo así para la historiografía argentina, sin rechazo, a diferencia de los revisionistas clásicos posteriores, aún imbuidos de prejuicio (Nota del editor).

[v] Como en el caso de Perón y Rosas que ya vimos, aquí podemos establecer una relación de igualdad o coparticipación en el concepto entre Artigas y Juan María Bordaberry, el caudillo carlista que será citado en varias ocasiones por Názgul en este trabajo. Esta relación puede resumirse precisamente como la coparticipación de las personas Artigas y Bordaberry en el concepto Artigas, lo que da por resultado la expresión coloquial “Bordaberry es Artigas”, conclusión establecida en un ensayo de nombre homónimo presente también en el tercer tomo de Con Perón y con Herrera (editado estratégicamente en 1930). En dicho trabajo Názgul establece una lógica dialéctica similar a la de las 7 leyes metafísicas de Perón y compara las características de Artigas (ya esbozadas aquí) con la siguiente caracterización de Bordaberry: «Bordaberry fue un político uruguayo, un hombre de campo, un hombre de honor y un verdadero caballero; fue uno de los pocos políticos que intentó hacer algo realmente diferente en nuestro país; fue un político monárquico con todas las letras, con el sentido pleno de la palabra, porque fue un monárquico de verdad» (Billy Gates. Partido Monárquico del Uruguay. Desde EDU. En defensa y en memoria del Caudillo J.M. Bordaberry. A dos años de su muerte. Sobre el verdadero Bordaberrysmo... http://partidomonarquicodeuruguay.blogspot.com/2013/07/en-defensa-y-en-memoria-del-caudillo-jm.html Consultada: 4/07/1928, citado por Názgul). La relación salta a la vista, y Lev Názgul concluye la igualdad de las dos figuras, por lo que es lo mismo decir “Viva Artigas” que “viva el Borda”. Finalmente, Názgul discrepa con el Partido Monárquico Uruguayo (por el cual sentía gran admiración, como le sucede con otros íconos orientales que considera signos o momentos de una futura reunificación rioplatense), quien reconoce en Bordaberry al Duque de Durazno. Para Názgul Bordaberry es más que eso, Bordaberry es Artigas, es el Gobernador de Montevideo y la Banda Oriental (Nota del editor).

[vi] El Maestro Pérez Borgarelli define muy bien el estatuto especial de España en Occidente, y el legado que ello implica para Hispanoamérica. Borgarelli usa los términos “occidente” y “occidental” de manera diferente, lo que no hace diferir nuestras ideas; únicamente varía el objeto de la palabra “Occidente”: «Ahora, lo más interesante de todo, es que Leopoldo Zea, concibe a España y Rusia, no como occidentales, no como civilización, pero tampoco como barbarie, sino los ve como "Pueblos Baluarte", que les tocó defender a Europa, que vivían en las afueras de Europa desde la Edad Media, y que vivieron, una etapa tal de resistencia frente a "la barbarie", que se quedaron viviendo en sus arquetipos culturales medievales, no avanzaron, hacia la Modernidad. Nosotros, como hispanoamericanos, somos tributarios en parte de eso. De ahí, el sueño dorado de Sarmiento y muchos otros, de occidentalizar a los hispanoamericanos. En parte lo lograron, pero, a lo que voy, es que, a mí me parece que países hispanoamericanos como Argentina o Uruguay, son occidentales, porque un bando extranjerizante (los unitarios, o los colorados) lograron imponer su ratio y su cosmovisión» (Lev Názgul. Mis conversas…). En boca de Pérez Borgarelli lo hispano no es occidental en sentido puro; este sentido es el que buscamos rescatar; para nosotros lo hispánico es un modo especial de lo occidental, un modo puro que ha quedado a salvo de la modernidad. En cuanto al uso peyorativo de “occidental” podemos usar un sinónimo mejor tal como “extranjerizante” o simplemente “moderno y liberal” (Nota del autor).

[vii] Juan María Bordaberry. Citado por Diario el País 02/12/2006: http://historico.elpais.com.uy/Suple/QuePasa/06/12/02/quepasa_250794.asp
 Consultado: 26/6/1927 (Nota del autor).

[viii] Emmanuel Kant. Qué es la ilustración. http://www.forodeeducacion.com/numero11/018.pdf
Consultado 15/6/1928 (Nota del autor).

[ix] Dice el caudillo Juan María Bordaberry: «La inmensidad de la agresión da grandeza a la resistencia carlista. Cuando Carlos V, primero de la dinastía carlista, se levanta contra la abolición de la Ley Sálica que le privaba de su derecho, no lo hace solo defendiendo éste: lo hace defendiendo la España católica. Todas las desgracias que para España vinieron después, hasta hoy, nacieron allí y para impedirlas se levantó el carlismo. Quiso impedir que España dejara de ser España» (Juan María Bordaberry. Textos de Juan María Bordaberry. Honor al carlismo. En: http://hispanismo.org/cultura-general/9451-textos-de-juan-maria-bordaberry.html Consultado: 2/01/1927) (Nota del autor).

[x] En relación al enfrentamiento con el multiculturalismo liberal y homosexualista, el Partido Monárquico Uruguayo nos dice: «No porque querramos correr a todos los negros ni los mestizos; pues nada más alejado a la voluntad y a la caridad intrínseca de la Santa Derecha, sería correr a aquellos que descienden de los pueblos originarios de estas tierras (los mestizos, descendientes en una vía, de los charrúas, guaraníes, arachanes, chanás, etcétera), ni de los que fueron traídos desde África como esclavos, para ayudar a forjar nuestro gran Imperio. Y eso es alejadísimo a la voluntad de la Santa Derecha, porque los conquistadores españoles vinieron a América, no para robar y matar (como nos miente sistemáticamente la escuela), sino para pacificar y evangelizar a los indios, quienes vivían en la barbarie, el paganismo y la maldad intrínseca del mismo (sacrificios humanos, rituales satánicos, magia negra, canibalismo, etc.); y luego la Santa Iglesia permitió traer negros desde África, no para esclavizarlos injustamente, sino todo lo contrario: para sacarlos de la barbarie, civilizarlos y evangelizarlos (porque nadie nos cuenta que en África los negros se mataban entre ellos y había una atroz esclavitud)» (Billy Gates. Partido Monárquico del Uruguay. Desde EDU. Monarquía en el Uruguay http://partidomonarquicodeuruguay.blogspot.com/2013/07/en-defensa-y-en-memoria-del-caudillo-jm.html Consultada: 8/07/1928) (Nota del autor).

[xi] El caudillo Juan María Bordaberry señala: «Nunca me gustó llamar Edad Media a este período histórico (…). No necesita demostración afirmar que la calificación vino después, y no es osado pensar que su origen está en la intención de disminuir sus valores insuperables porque pocas veces uno se detiene a pensar ¿media entre qué? Sin duda, “media” entre la civilización greco romana, con todos sus valores pero pagana, y el “Renacimiento”, inicio del retorno al humanismo pagano» (Juan María Bordaberry. Textos de Juan María Bordaberry…). Señala luego en el mismo trabajo el uso peyorativo que se hace del término “medieval” y prefiere la denominación que hace Belloc del periodo: “La civilización de la cristiandad”. A partir del caudillo podemos decir que el punto cúlmine de la Civilización de la Cristiandad es el Imperio de los Reyes Católicos, el cual paradójicamente, es simultáneo al advenimiento de la decadencia, del humanismo pagano y la modernidad materialista. La Nación Española e Hispanoamericana deben restituir ese momento único de gloria y esplendor, asegurando al menos un devenir (cuando no un detenimiento absoluto del tiempo) en el que la decadencia y el odio anticristiano queden definitivamente excluidos (Nota del autor).

[xii] Véase “Principios dialécticos y conservadores del Derecho”, ensayo de mediana extensión editado originalmente en uno de los tomos de Con Perón y con Herrera (Nota del editor).

[xiii] A menudo se ha hablado de un pensamiento utópico en Lev Názgul. El noveno momento de su manifiesto parece ejemplificar esta idea. En efecto, Názgul conduce teleológicamente la historia hacia la Restauración de un momento cumbre, lo cual exige una detención del tiempo que solo podrá ser suprimida una vez alcanzado precisamente ese telos. Sin embargo, ese devenir temporal guardado celosamente por la Orden Templaria debe entenderse como un devenir cerrado, propio de un mundo utópico; un devenir que si bien corre el riesgo de la corrupción y la decadencia, en tanto se mantenga puro asegura la permanencia de los principios políticos y religiosos más justos, la conservación de un mundo utópico alcanzado con esfuerzo; es decir, la conservación de la historia de la historia y los hombres mismos que la viven. Este carácter utópico de su pensamiento (moderno o posmoderno) matiza aún más su figura paradójica, en tanto: i. Se configura una utopía no antropocéntrica (como lo son las utopías modernas), sino más bien una utopía que además de restituir los lazos religiosos y políticos socavados por el humanismo, (y aunque Názgul no mencione directamente a la Providencia) necesita de Dios para ser llevada a cabo, en tanto la Cosmología de la Teoría del Aio que subyace aquí nos habla de una cantidad de Aio-Mal extendida en el universo y determinando la voluntad y la moral de los hombres; ii. La utopía de Názgul, siendo deliberadamente conservadora, pone de manifiesto el carácter general de las utopías: su totalitarismo (totalización de las actividades humanas) y, en tanto implican una cancelación del tiempo, su conservadurismo para con la historia, ligada esta a los cambios humanos fisiológicamente dados de nacimiento, crecimiento y muerte de los sujetos (Nota del editor).

 
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